La vuvuzela: fútbol para sordos
El álbum del Mundial, figurita 16, por Alfredo Montenegro. “Son un fenómeno cultural”, dicen los organizadores del mundial, al asegurar que no prohibirán a esas ensordecedoras cornetas.

Miércoles 16 de Junio de 2010

“Son un fenómeno cultural”, dicen los organizadores del mundial, al asegurar que no prohibirán a esas ensordecedoras cornetas. Las quejas de jugadores, público, vendedores ambulantes y canales que televisan ya no podrán callar al molesto zumbido. Sobre el origen de las vuvuzelas, al venderla, algunos aseguran que producen un sonido semejante al ancestral soplar de cuernos del kudu, una especie de antílope sudafricano de gran cornamenta.

También dicen que “vuvu”, en zulú significa “hacer ruido” y que eran utilizadas en ancestrales ceremonias. En la actualidad, los sudafricanos explican que “con su sonar parecemos estar todos unidos en una sola voz”.

En los años 90, un pícaro se avivó al ver que los hinchas usaban cuernos para alentar a los suyos en las canchas. Entonces, empezaron a fabricar vuvuzelas de plástico. Ahora, en el mundial esperan recaudar cerca de dos millones de euros.

Las importadas de China valen unos 20 rand (2,6 dólares). Las producidas en Sudáfrica cuestan 60 rand, pero son más parecidas a los cuernos y tienen boquillas que no dejarán tantos labios partidos. Por suerte, a los niños se le complica hacerlas sonar.

En 2009, durante la Copa Fifa Confederaciones 2009, se había pedido a los de Blatter que las eliminaran por molesta, pero no hubo caso.

Pero ya no faltaron otros pícaros que promocionan un “Filtro Antivuvuzelas”. En el sitio antivuvuzelafilter.com, la filantrópica firma indica: “Descargue nuestro filtro y diseño para eliminar el ruido de las vuvuzelas en su equipo de música, ordenador, iPod, iPhone”.

En tanto, no faltan científicos que alertan sobre un brote de una epidemia de gripe producido por la circulación masiva de gérmenes en el aire. Otros expertos señalan que en el partido inaugural, entre Sudáfrica y México, el tronar de vuvuzelas alcanzó los 135 decibeles, superior a los 130 que produce un avión al despegar y a los 120 que resiste el hombre sin padecer afecciones auditivas.

Por su parte, periodistas mexicanos revelan un complot. Aseguran que ante Sudáfrica un azteca que estaba en posición de gol pidió la redonda a un compañero. Pero las vuvuzelas no dejaron oír el reclamo por la asistencia y el portador decidió patear al arco, con escasa fortuna.

Está feo impedir que lleven esas trompetas a los estadios, pero se podría llegar a acuerdos para que se usen respetando también el fenómeno cultural de la mayoría de los futbolistas. Habría que aconsejar utilizarlas como todo lo que se lleva a una cancha: tirarlas a los contrarios, quemarlas, esgrimirlas contra otros del público o escupir a distancia, tras lo cual se procede a cantar, gritar e insultar como corresponde en esta disciplina.

Mañana, Figurita 17: El cuarto árbitro