Domingo 28 de Marzo de 2010
Quiero respetuosamente responder a la carta de Laura Dell’Oro, publicada el pasado 24 de marzo. Estimada Laura, hace veinte años que trabajo como docente en escuelas de la periferia de la ciudad de Rosario. A vuelo de pájaro le cuento que trabajé en escuelas cuyos salones estaban divididos por bajos tabiques de madera, pisos de tierra, confeccioné cortinas, compré y preparé trajes para mis alumnos, abrigué en muchas oportunidades a niños pequeños que no tenían otra posibilidad de hacerlo, trabajé durante ocho meses para esperar mi primer sueldo y mucho más... Siempre traté de darle mucho amor a mis alumnos, me siento capacitada y feliz por lo que hice y hago. Simplemente le hago unas preguntas: ¿será vocación lo mío? ¿Haré todo esto para llenar mis bolsillos de dinero? Le cuento que no soy ninguna heroína, en este país hay muchos docentes de vocación. Perdone, pero no nos vamos a retirar de la docencia como usted lo solicita. Mis alumnos saben que el trabajo dignifica y yo lo único que espero es poder vivir del dinero que me gano todas las mañanas honestamente. Quítese de la mente a la señorita de tacos altos, sentada en su escritorio, trabajando cuatro horas solamente; eso no existe más en las escuelas de este país. Para ser docente se necesita mucho más.
Rosana Dell ‘Aia
rosanad40@hotmail.com