Miércoles 24 de Marzo de 2010
La carta de la lectora Laura dell’Oro del 22/03/10 bajo el título "La vocación docente" es en primera instancia una expresión de su ignorancia cuando pretende referirse a la vocación y actividad docentes. El término vocación (cuya raíz es el verbo latino vocare: llamar) hace referencia a predisposición natural de un actor social para el desarrollo de determinadas actividades en las cuales encuentra que cumple con un cometido personal y social. Nada tiene que ver con la remuneración, ni con las luchas que se llevan a cabo por reivindicaciones del sector docente, que van mucho más allá del mero sueldo. Sin dudas que los docentes elegimos esta profesión por vocación, como lo hacen el actor, el médico, el dibujante. Pero vocación no significa que debamos soportar que se nos postergue, que se nos engañe, que no se reconozcan nuestros derechos a la estabilidad laboral, a una vivienda digna y demás. Otra pregunta de dell’Oro es si los docentes pensábamos tener altos ingresos con el sueldo. La respuesta es no, pero pensábamos poder llegar a fin de mes como cualquier otro trabajador, hecho que no se verifica en ninguno de los casos. Luego, en su exposición, dell’Oro menciona que debido a las elecciones de mayo los docentes vamos "a exprimir al gobierno lo máximo posible" y en ese punto creo se aventura a una acusación sobre hechos no ocurridos, a una actitud reñida con la moral y la ética, lo que es muy grave. Por último, dell’Oro insta a los docentes en pie de lucha por el digno reconocimiento de su trabajo, a abandonar la profesión como mejor respuesta al conflicto y a dejar de este modo lugar "a docentes apasionados y capaces para enfrentar la crisis". Lo que no aclara es de qué modo se puede enfrentar una crisis cuando el dinero no alcanza, cuando las promesas no se cumplen, y dónde va a parar esa pasión cuando no hay un mínimo de reconocimiento. Estimada Laura, si la solución a las crisis fuera plantar la acción de lucha, todavía estaríamos por constituir el primer gobierno patrio y eso pasó hace 200 años, exactamente.
Carlos Italiano, latinia@fibertel.com.ar