La visita del Papa a Inglaterra se inicia con viento en contra
Benedicto XVI está a punto de comenzar un delicado viaje: la primera visita de Estado de un Papa a Reino Unido. Sus opositores planean manifestaciones, mientras el escándalo de los abusos...

Miércoles 15 de Septiembre de 2010

Benedicto XVI está a punto de comenzar un delicado viaje: la primera visita de Estado de un Papa a Reino Unido. Sus opositores planean manifestaciones, mientras el escándalo de los abusos en el seno de la Iglesia católica sigue constituyendo un duro lastre para la institución. A un 80 por ciento de los británicos la visita papal les interesa poco.

Benedicto se convertirá así en el segundo Papa que llega al Reino Unido tras la visita pastoral realizada por su predecesor Juan Pablo II en 1982, y el primero que lo hace en visita de Estado.

El pontífice viajará mañana al país por invitación de la reina Isabel II, durante una visita de cuatro días que lo llevará a Escocia e Inglaterra y que es considerada la salida al extranjero más importante del año.

Pero también la más problemática, puesto que desde la isla llega viento en contra. En primer lugar, hay abogados a quienes les hubiera gustado arrestar al Papa a su llegada, por los escándalos de abusos. Y en segundo, por las críticas a los millonarios costes del viaje. Los opositores al pontífice planean manifestaciones, mientras la televisión lo recibirá con una documentación muy crítica.

Joseph Ratzinger, de 83 años, tiene ante sí un programa bastante apretado hasta el domingo, con dos etapas en Escocia y otras dos en Inglaterra con no menos de 13 discursos. Tres grandes misas en Glasgow, Londres y Birmingham, la última de ellas con la beatificación del cardenal John Henry Newman. Ninguna minucia para un hombre mayor.

Temas urticantes. Y Benedicto tendrá que hablar de temas candentes para los que habrá ocasiones suficientes: la problemática relación del Vaticano con la Iglesia Anglicana y el oscuro capítulo de los escándalos de abusos tras los muros eclesiásticos, así como cuestiones de actualidad como la muerte asistida (eutanasia) o la situación legal de los homosexuales.

Benedicto hablará, entre otros, en un lugar donde todos pueden hacerlo: en el Hyde Park londinense. Decenas de miles de fieles de todo el mundo celebrarán su llegada en la multicultural capital de Reino Unido.

Sin embargo, la tradición británica de la libertad de expresión la sentarán también y de cerca los opositores de la visita. Si quiere venir a Reino Unido, encantados, dicen algunos. Pero los costes de su viaje calculados en unos 20 millones de libras (unos 24,2 millones de euros/30,70 millones de dólares) debería asumirlos él mismo, incluso como invitado de la reina, en lugar de cargar con impuestos a más de la mitad de los contribuyentes británicos.

Según una encuesta, el 79 por ciento de la población no tiene interés alguno en la visita del Papa. Al fin y al cabo, 25 de los 60 millones de británicos son miembros de la Iglesia Anglicana, mientras los católicos, la mayoría en Escocia, constituyen, con alrededor de seis millones, una clara minoría.

El líder de los católicos en Inglaterra, el cardenal Vincent Nichols, comprende el problema. Claro, gobierno, medios y una amplia parte de la sociedad tiene orientación secular. "La vida de los hombres, sin embargo, es muy abierta a la realidad de Dios. Y hay aquí formas de expresión religiosa muy diferentes", añade el arzobispo de Westminster.

Su catedral está muy cerca de la famosa abadía de Westminster. Allí donde se coronó y se enterró a reyes, los anglicanos celebran sus ceremonias religiosas. En el siglo XVI, el rey Enrique VIII abjuró de Roma.