Lunes 11 de Febrero de 2013
Como explica en su libro el sociólogo francés René Lourau, el Estado y el inconsciente, el concepto de analizador social, permite entre otras cosas visualizar y comprender la magnitud y dimensiones de las crisis institucionales. En efecto, y como lo ha señalado con acierto y lucidez la psicoanalista Ana María Fernández, asistimos en la sociedad contemporánea al estallido de una multiplicidad de instituciones. Entre otras, podemos incluir a las instituciones educativas. Es frecuente que se manifiesten en ellas síntomas del malestar social imperante en acontecimientos de violencia explícita que involucran a estudiantes, docentes, familiares de niñas niños y jóvenes, y a veces hasta a las propias autoridades. Han sido repetidas las denuncias de abusos contra niños en establecimientos educativos a cargo de sacerdotes y ministros religiosos. Así también, de ataques arteros y violencia física de grupos de niños y jóvenes contra sus propios compañeros de escuela. El fenómeno social conocido como bullying, que consiste en un hostigamiento y/o acoso como consecuencia de la estigmatización que hace blanco de agresiones a seres con dificultades para defenderse dada su baja autoestima. Un entorno social de violencias generalizadas se manifiesta en diversos ámbitos y con características específicas, pero con un común denominador: conductas destructivas o autodestructivas. Es por eso que la reciente denuncia de maltratos perpetrados contra niñas y niños en un jardín maternal de la provincia de Buenos Aires no debe ser soslayada. Este acontecimiento aberrante es la punta de un iceberg de mil rostros que aparece a veces en la sociedad solapado en la carga de exigencias hacia los niños, y otras explícito en el paroxístico consumismo que se les impone por los medios de propaganda masiva. Y hasta los estímulos de algunos conductores televisivos exigiéndoles conductas propias de adultos a seres en pleno desarrollo vital. Debemos además evaluar las secuelas terribles y perennes que el maltrato, sea físico o psicológico, genera en quienes lo padecen. Debemos recordar al gran pedagogo Janusz Korczak cuando decía que los adultos para tratar con los niños no debemos agacharnos sino elevarnos a su verdadera altura, la de su humanidad y sensibilidad.
Carlos A. Solero
casolero_1@hotmail.com
La beatificación del “cura gaucho”
En 1941 se estrenó la película “El Cura Gaucho” dirigida por Lucas Demare con la actuación de Enrique Muiño, Aída Alberti y Homero Cárpena. El filme trata sobre la vida del sacerdote José Gabriel Brochero, quien trabajó eficientemente en la región de Traslasierra, donde al decir del periodista Efraín Bischoff se encuentran a gusto el viento bramador y el águila dominante. Su trabajo no sólo fue pastoral desafiando a la naturaleza hostil, sino que colaboró en la construcción de caminos, acequias, iglesias y escuelas, gestionando además la instalación de estafetas postales. Cuando debía asistir a una persona moribunda no dudaba en enfrentar el frío, la lluvia, el viento, la nieve, los arroyos y los peligrosos senderos de montaña, porque como él decía, el diablo no le iba a robar un alma. Brochero falleció el 26 de enero de 1914 a los 74 años y en 1916, Villa del Tránsito, el pueblito donde vivió casi toda su vida, pasó a llamarse Villa Cura Brochero en homenaje a su labor en favor de la comunidad. De igual manera en 2004 y en mérito a esa labor, Juan Pablo II lo honró con el título de “venerable”. En 1963 la Iglesia de Córdoba hizo saber al Vaticano quién había sido José Gabriel del Rosario Brochero. Y la ruta hacia la beatificación comenzó a transitarse a partir del milagro que se atribuye a su intercesión, por la que se repuso un niño cordobés de menos de un año gravemente accidentado hace 13 años. Los padres del pequeño le rezaron al cura Brochero y el bebé superó dos paros cardiorespiratorios en condiciones sumamente adversas. El impulsor de la beatificación es el obispo de Cruz del Eje, monseñor Santiago Olivera, quien en abril de 2009 presentó los antecedentes del caso ante la Santa Sede, que luego de estudios médicos y teológicos dio por cierto el milagro. Sin embargo, la causa estuvo complicada porque pesaban en contra del “curita de Traslasierra” los giros verbales o “malas palabras” a las que era afecto y su condición de gran fumador. La Junta de Teólogos desde su apacible residencia en el Vaticano le dio más importancia a esos detalles que a la obra cumplida por Brochero en esos olvidados parajes serranos. Al parecer no le dieron valor a su intervención durante la epidemia de cólera desatada en la ciudad de Córdoba en 1867; a su obstinada y fracasada gestión para que se construyera el ramal ferroviario entre Villa Dolores y Soto; y fundamentalmente, al hecho de que contrajera lepra y quedase ciego por visitar a enfermos que padecían esa cruel enfermedad. Felizmente, el 20 de diciembre de 2012 el Papa Benedicto XVI firmó el decreto de beatificación y se estima que Brochero podría ser consagrado beato en septiembre del presente año. Cuando el lector vaya a esa región donde al pie de las Sierras Grandes se halla el dique “La viña”; donde se suceden arroyos, sauzales y poblaciones como Villa Dolores, Villa las Rosas, Nono y Mina Clavero, al llegar a Villa Cura Brochero tal vez sienta cierta emoción recordando a José Gabriel del Rosario Brochero; al “cura gaucho” que montado en su mula malacara con su sotana remendada y su infaltable poncho, quedó en el recuerdo de cada rincón de Traslasierra donde el cerro Champaquí se alegra por estar un poco más cerca del cielo; un poco más cerca del “venerable” que pronto ostentará la condición de beato tan esperada por los devotos del inolvidable sacerdote, nacido en Santa Rosa de Río Primero el 16 de marzo de 1840.
Edgardo Urraco
Grandes cambios
Analizando los grandes cambios que se produjeron en nuestro país en los últimos años, me vino a la memoria la siguiente anécdota. En 1987 un amigo mío se hallaba pasando un momento dramático en su vida debido a la pérdida de dos familiares directos. Para ayudarlo, con la autorización de mis padres lo invité a vivir un tiempo en casa, a lo que accedió. Hallándose con nosotros, cierta vez fue a un baile y al regresar, como a las 4 de la mañana, se topó con dos conocidos asaltantes que le robaron todo el sueldo que llevaba en el bolsillo, pues ese día había cobrado. Luego del asalto, al alejarse unos 50 metros, los ladrones lo hicieron volver para preguntarle de dónde era, puesto que quienes le estaban robando eran del barrio y no lo conocían. Al presentarse y decir su domicilio, y probar fehacientemente que vivía en la casa donde decía vivir, los ladrones, como conocían a los integrantes de mi familia, le devolvieron todo su dinero, diciéndole “danos solamente para comprar un vino para compartirlo hasta que llegue la madrugada”. Aclaro que en mi familia nunca hubo ladrones, de modo que lo realizado por los delincuentes fue simplemente un gesto de respeto y amabilidad hacia nosotros.
Daniel E. Chávez
DNI 12.161.930
Un escrachefluvial
El fin de semana pasado, mientras regresaba de Colonia (Uruguay) en Buquebús con su mujer y sus dos pequeños hijos, el poderoso funcionario kirchnerista Axel Kicillof fue increpado por muchas personas que viajaban junto a él, las que a viva voz le exigían, entre insultos, que se retirara de ese lugar. Kicillof se negó en un primer momento, pero finalmente aceptó dirigirse con su familia a una cabina en la que pudo aislarse de esa situación conflictiva. Estoy en las antípodas de Kicillof, pero siempre he rechazado cualquier forma de escrache. Este método se inauguró en la Argentina en los años noventa como una forma de protesta, primero contra algunos militares y civiles que habían formado parte del último período de facto y luego contra funcionarios y dirigentes políticos que integraron sucesivos gobiernos democráticos. Señalé entonces que el método era repudiable, más allá de las causas (a veces legítimas) que lo motivaran. No hay escraches buenos y escraches malos. Que el gobierno nacional utilice prácticas iguales o peores, que la presidente de la Nación “escrache” desde la cadena nacional a ciudadanos que no pueden defenderse de sus invectivas, que existan escandalosos casos de corrupción que una Justicia Federal adocenada no castiga, que haya un hastío importante de vastos sectores sociales ante una administración autoritaria y prepotente, no justifica este método. No se combate el canibalismo comiéndose a los caníbales. Un viaje en un barco con la familia es una acción privada, aunque se realice en un espacio público. Distinto es el caso de los abucheos frente a un discurso pronunciado en un acto público, como los que sufrió el vicepresidente Amado Boudou cuando habló en la conmemoración del bicentenario de la batalla de San Lorenzo. Esto último es una contingencia posible en el marco de esos actos: es la contracara del aplauso. Si éste se admite, debe aceptarse también cualquier manifestación no violenta de reprobación. Y ciertamente no faltaban motivos en esa oportunidad, porque Boudou, siguiendo al pie de la letra el manual del buen kirchnerista, en lugar de destacar aquella gesta histórica y la figura del General José de San Martín, que nos une a todos los argentinos, se encargó de transformar la celebración en un acto partidario al ensalzar en una insólita y lamentable comparación al matrimonio Kirchner como si hubiera integrado el 3 de febrero de 1813 el Regimiento de Granaderos a Caballo. Siempre nos llamó la atención la pasividad de muchos compatriotas ante un gobierno de las características del que padecemos hace una década, pero no es esta la forma de oponerse. Esto no tiene nada que ver con la magnífica demostración cívica del 8N y sólo sirve para que desde las usinas oficiales se acuse a los opositores por prácticas que éstos denuncian como propias del kirchnerismo. Debemos construir una alternativa a este modelo hegemónico. Para que sea una verdadera alternativa tiene que nutrirse de valores opuestos a los que emanan del gobierno nacional. No es tarea sólo de los dirigentes políticos, sino de toda la ciudadanía.
Jorge R. Enríquez
jrenriquez2000@gmail.com
Cambiar de actividad
Ya no quedan dudas: existe trata de personas porque existe la prostitución. Ambos conceptos están relacionados porque, digamos la verdad, la finalidad de la trata es la explotación sexual. Teniendo en cuenta que la prostitución posibilita que numerosas mujeres de edades diferentes sean utilizadas sexualmente, por qué no pensar en que sanatorios y hospitales públicos de Rosario abran un registro con el propósito de que esas personas se inscriban para cuidar pacientes internados en esos centros de salud, durante el día o la noche, según las necesidades de los familiares que por razones laborales no pueden quedarse mucho tiempo a su lado. De esa manera, obtendrán recursos económicos que les permitirán alejarse paulatinamente de esa actividad en la vía pública o en prostíbulos. Esta propuesta debería ser estudiada y debatida por los ciudadanos comunes, consultada también con las mujeres que ejercen la prostitución, y por supuesto analizada en el Concejo Municipal de Rosario. De cualquier modo, es una alternativa para empezar a incluir en otro tipo de tarea, aunque sea momentáneamente, a quienes ofrecen su cuerpo a cambio de dinero.
Marcelo Malvestitti
marcelomalvestitti35@hotmail.com