La vigencia de Pasolini
Dice un refrán: “Todos somos más o menos pobres”. Al respecto, en una nota de Rubén A. Fraga, el genial y polémico Pier Polo Pasolini decía: “Hay una ideología real e inconsciente que unifica a todos...

Miércoles 12 de Noviembre de 2014

Dice un refrán: “Todos somos más o menos pobres”. Al respecto, en una nota de Rubén A. Fraga, el genial y polémico Pier Polo Pasolini decía: “Hay una ideología real e inconsciente que unifica a todos, y que es la ideología del consumo. Unos toman una posición ideológica fascista, otros adoptan una posición ideológica antifascista, pero ambos, antes de sus ideologías, tienen un terreno común que es la ideología del consumismo. El consumismo es lo que considero el verdadero y el nuevo fascismo. Ahora que puedo hacer una comparación, me he dado cuenta de una cosa que escandalizará a los demás, y que me hubiera escandalizado a mí mismo hace sólo diez años. Que la pobreza no es el peor de los males y ni siquiera la explotación. Es decir, el gran mal del hombre no estriba ni en la pobreza ni en la explotación, sino en la pérdida de la singularidad humana bajo el imperio del consumismo. Durante el fascismo se podía ir a la cárcel, pero hoy en día, hasta esto es estéril. El fascismo basaba su poder en la Iglesia y el Ejército, que hoy por hoy no son nada comparados con la televisión”. Se cumplen en estos días 39 años del asesinato de este brillante testigo provocador, poeta, crítico, cineasta, ensayista, autor dramático, periodista, guionista, profesor, artista plástico y director que vivió siempre con intensidad, defendió siempre sus ideales políticos, sin buscar alianzas ni bajar banderas en pos de triunfos ocasionales, e hizo de la coherencia un modo de vida, hasta romper los esquemas morales de la sociedad de su tiempo. Profético en sus ideas, sobre lo que pasaría con la sociedad, al extremo de que aún hoy se reflejan sus predicciones. Hecho este que le valió no sólo la indiferencia del poder, sino que además propiciaron y festejaron su desaparición. Nacido en Bolonia, pueblo de tradición política izquierdista, hijo de una madre profundamente católica, y un padre militar y fascista, dos mese antes de que Mussolini encabezara su marcha sobre Roma. Pasolini juzgaba, asimismo, que el sistema cultural dominante, sobre todo a través de la televisión, creaba un modelo unificador que destruía las culturas nacionales. Su vida siempre fue polémica para la hipocresía de la sociedad italiana. Envuelto continuamente en el escándalo, llegó a convertirse en uno de los cineastas más admirados de su tiempo. Atormentado, provocador, activista político, en Italia aún se intenta comprender cómo se unieron en él la pasión por la revolución y la tradición, lo popular y lo clásico. Fue acusado de inconformista patológico, exhibicionista morboso e ideólogo reaccionario, porque era un nostálgico de las tradiciones perdidas. Su lucha encarnizada contra el consumismo, el desarrollismo y el destructivo proceso de homologación cultural –que lo llevó a proponer la abolición de la televisión y de la escuela obligatoria– lo convirtió en un fustigador implacable. En cierta ocasión Pasolini, ante su defensa de las clases bajas y la desigualdad social, se declaró “amigo sólo de los perros”, soy alguien “obligado a vivir al margen de las instituciones como un bandido”. “Tengo la mentalidad de un animal herido, expulsado de la manada”. Pasolini sabía que provocaba el escándalo dentro de la burguesía, clase ésta que concibió uno de los movimientos más importantes del conservadurismo como el fascismo. Cuestionador permanente de la sociedad de consumo, acérrimo enemigo de la hipocresía burguesa, homosexual confeso, marxista, católico anatemizado por el Partido Comunista y por la Iglesia Católica, fue un poeta en el profundo sentido del término porque fue creador y responsable desde su lugar político en el mundo. “Una fuerza del pasado”, pero “más moderno que cualquier moderno”. Su legado de esperanza fue: “Serán los poetas un día, en un futuro abril, quienes salvarán al mundo”. Humildemente agrego que hoy, después de algunos años, seguimos esperando aquellos proféticos poetas que avizoren una salvación.

Norberto Ivaldi / norbertoivaldi@gmail.com