Domingo 04 de Enero de 2009
El 1º de enero de 1959 el joven revolucionario Fidel Castro implantó en Cuba el régimen socialista. A partir de ese momento su figura se transformó en el símbolo de una utopía soñada por millones de latinoamericanos, de un modelo de sociedad antitética del "american way of life". La "república imperial" (Raymond Aron) no toleró que desde esa isla tan cercana se cuestionara su liderazgo. En 1961 intentó derrocarlo pero la operación militar terminó en un estruendoso fracaso. Desechada la vía militar la república imperial decidió aplicar al régimen socialista un castigo impiadoso que aún perdura: el bloqueo. Seguramente creyó que de esa manera lograría que el pueblo cubano se rebelara contra Castro. Cincuenta años después ha quedado en evidencia qué absurdo fue de parte de los Estados Unidos suponer que la coacción económica sería suficiente para destruir al socialismo cubano. En efecto, medio siglo después Fidel Castro, pese a que su salud lo obligó a delegar el mando en su hermano, continúa gozando de un amplio consenso en la isla. ¿Cómo es ello posible? ¿Por qué los cubanos siguen apoyando a un líder presentado por la república imperial como un tirano sanguinario y despiadado que siempre basó su poder en la coacción y el terror? En mi opinión, Fidel Castro logró mantenerse en el poder durante tanto tiempo porque un importante sector del pueblo cubano siempre estuvo convencido de las bondades del régimen socialista y del liderazgo del comandante. Conservar el poder durante un período tan prolongado sólo en base a la coacción y el terror es imposible. Porque un líder que no logra convencer al pueblo de las bondades del régimen político que representa es un líder carente de autoridad, incapaz de lograr aquello que es fundamental para la supervivencia de su proyecto político: el respeto de sus seguidores. Y si hay algo que tienen los cubanos por Fidel Castro es respeto. Por eso a 50 años de aquel 1º de enero de 1959, está más vigente que nunca.
Hernán Andrés Kruse
hkruse@fibertel.com.ar