Sábado 18 de Diciembre de 2010
En el libro "La insoportable levedad del ser", de Milán Kundera, hay una frase que me dejó pensando: "la profunda perversión moral que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque en ese mundo todo está perdonado de antemano y por tanto, todo cínicamente permitido". Es cierto que no podemos ensayar la vida, pero sí vivirla con responsabilidad. Leyendo del nuevo circo de malformaciones (casos que buscan la morbosidad del espectador) Gran Hermano, no puedo dejar de sustraerme a esa trata subliminal que hizo Marcelo Tinelli en sus ciclos, con seres humanos que no se responsabilizan por su integridad, en función de ser famosos, de tener poder y dinero, o sea, prostituirse mediáticamente. Ahora, se abusa en Gran Hermano de otras debilidades, y en este gran circo están los espectadores, gente expectante, que espera una historia inconducente, no comprometiéndose, no asumiendo su responsabilidad de vivir su vida. Es más fácil para este tipo de espectadores dejar transcurrir preciosos minutos frente a un televisor que respirando el aire de libertad que da una buena película, un buen libro y el razonamiento emergente de vivir situaciones propias, con el compromiso para su integridad y solidariamente para con nuestros semejantes.
Silvia Buonamico
silviabuonamico@yahoo.com.ar