La vida del padre Tomás Santidrián
La destacada. La vida del Padre Tomás Santidrián transcurrió por un camino de compromiso al servicio de los excluidos y descartados.

Viernes 04 de Diciembre de 2015

La vida del Padre Tomás Santidrián transcurrió por un camino de compromiso al servicio de los excluidos y descartados. Nació en nuestra ciudad el 23 de marzo de 1929 en el seno de una familia bendecida con diez hijos, donde, a pesar de no sobrar, siempre alcanzó para quien golpeara la puerta en busca de ayuda. Luego de una etapa en el Seminario San Carlos Borromeo, donde llegó a ser su rector, al comienzo de los 70 se entregó a los seres humanos probados duramente por la vida sin desentenderse de su ministerio ni de los acontecimientos y reformas que iban marcando a la Iglesia Universal del pos Concilio, y en nuestro continente profundizados por la Conferencia de Medellín que fuera avalada por Su Santidad, el Papa Pablo VI, hoy Beato. Fue capellán del colegio Sagrada Familia y asesor de la Asociación Emaús de Rosario. Visitó asiduamente la cárcel de menores donde se puso en contacto con “delincuentes” precoces y sus familiares. Así surgió la idea de la fundación de Hoprome (Hogar de Protección al Menor), ocurrida en agosto de 1976, donde amparó a niños en peligro moral junto a familias constituidas y capacitadas en la entrega amorosa. En esa tarea involucró a grupos parroquiales, primero de San Miguel Arcángel de los Padres Lateranenses, y luego como párroco de San Antonio de Padua, de barrio Belgrano, que colaboraron con su misión. En San Antonio también fue capellán de los Boys Scout. Al retornar al Seminario, nuevamente como rector, a solicitud del arzobispo Jorge Manuel López, no abandonó la tarea y varios de sus alumnos lo acompañaron. Tuvo una etapa en la función pública y luego accedió a la Capellanía del Colegio San Patricio. No conforme con todo eso, dio refugio a personas mayores en situación de calle, en el Hogar Josefina Bakhita, ubicado en galpones que le cedieron en inmediaciones de la estación Rosario Norte. Estuvo con la Madre Teresa en Calcuta, donde vivió el drama de los sin techo y al compararlos con los de nuestra ciudad decía que allá eran muchos más pero no debían soportar el frío como en Rosario. El Concejo Municipal lo distinguió con el título de Ciudadano Ilustre. En esa oportunidad sus amigos desbordamos el recinto como también lo hiciéramos con el de la parroquia San Miguel en ocasión de sus Bodas de Plata sacerdotales, el 22 de diciembre de 1976. En agosto de 1992 organizó, en nuestra ciudad, la marcha por los Derechos del Niño con una adhesión multitudinaria. En 2011, la Cámara de Diputados de la Nación le otorgó el premio “Mayor Notable Argentino”. A pesar de su abnegada tarea, como ya lo señalara, no descuidó su sacerdocio que desempeñó de manera impecable sin buscar ningún tipo de reconocimiento y sí aceptando, con valentía cristiana, las muchas exclusiones a las que fue sometido. Si alguien tiene que reprocharle algo que se detenga a pensar que todo lo hizo por amor. No se equivoca quien, usando la expresión evangélica, afirma que “pasó haciendo el bien”. Fue llamado a la Casa del Padre el 1º de diciembre de 2013, donde por fin goza de su merecido descanso. Sus restos fueron confiados a la Madre Tierra en los jardines del Seminario que tanto amara. Su obra le sobrevivió como corresponde a un ser humano que practicó la misericordia. Un ser humano que estuvo en contacto con las mayores miserias que puedan imaginarse en nuestra ciudad, su ciudad, sin desviar la mirada. Sí, su obra no terminó con él; sigue adelante, porque es la obra de Dios confiada a uno de sus predilectos: Tomás Santidrián.
Roberto Ricardo Baigorri

Qué hacemos con la ciudad

Vivo en está ciudad, amo esta ciudad. Tránsito todos los días las calles de mi ciudad. Veo, alarmado, como se destruyen las vías reestructurándolas con las famosas ciclovías. Se pretende darle lugar al ciclista, sin tan solo exigirle normas básicas para la utilización del espacio de tránsito automotor. Nadie les exige la utilización del casco reglamentario de protección, se paran en las sendas peatonales, cruzan los semáforos en rojo, producen siniestros a diario (rayan vehículos, atropellan personas) y nadie les exige nada. Ni una cobertura de seguro contra responsabilidad civil, ni un empadronamiento, ni el pago de un aforo, pues al fin y al cabo están utilizando la vía pública al igual que los vehículos que pagamos fortunas en concepto de impuestos. Eso sí, estamos construyendo ciclovías, bicisendas, discutiendo si las bolsitas en los súper están bien o mal, pero sobre el caos que la construcción de estos espacios en la vía pública genera en la ciudad, de eso no se habla. Y mucho menos de la inseguridad. ¿A ningún concejal se le cayó la idea de poner cada tantas cuadras un teléfono o intercomunicador con el 911 o 107, donde ante un siniestro, cualquier ciudadano, con la correcta identificación del mismo pueda avisar y o alertar? Para seguir recaudando bien que aumentamos la zona para el estacionamiento medido, sí colocamos máquinas expendedoras de tickets, pero ningún tipo de intercomunicador o teléfono público para estos eventuales siniestros. Sé que hay mucho por hacer, pero por favor, comprendan que una familia tipo no pueden trasladarse todos en bicicletas. Y si eso piensan, pues primero ordenen lo primero, ordenen las normas de exigencia para que un ciclista salga a conducir por nuestras arterias viales, empadrónenlos con sus rodados, soliciten entonces al igual que al automovilista respeto y reparo al conducir, porque tranquilamente un ciclista también puede conducir alcoholizado, y ello genera un potencial peligro, bastante importante, diría. Verán mermar los siniestros viales, se salvarán vidas y se evitarán infortunios si solamente se pensará qué es lo correcto de hacer primero. Y luego, si quieren, sigan alterando nuestra ciudad, pero por favor, con sentido común y con mucha, mucha coherencia.   
Fernando Sapia

En defensa propia

Hace unos días, en la oficina de Ansés Rioja y Sarmiento, tenía que hacer un trámite que se llama ADP, que es para verificar si todos los datos que figuran en mi expediente son correctos. Un señor que atendía y daba los turnos, tomando un café con leche y comiendo una factura (con la boca abierta), me dio un turno general, y me invitó a esperar hasta que me llamaran por una pantalla. Había 90 personas antes. Por supuesto, esperé pacientemente durante dos horas, hasta que me llamaron. En el escritorio me atendió un muchacho muy joven con cara muy triste y desatento, que no me miró a la cara, mientras me decía que “no tendría que haber hecho esa cola”, porque en ventanilla 20, me atenderían directamente. El señor de la ventanilla 20 (muy correcto y gentil) me hizo el trámite en 45 segundos. Pregunto: si yo lo agarro del cuello al primer empleado y le pego una cachetada, ¿sería en defensa propia?
Jorge Fiorina

Momento de transición

Estamos viviendo un momento de transición histórico. Hay conversaciones entre ministros salientes y ministros entrantes que demuestran que de aquí a la asunción del nuevo presidente, Mauricio Macri, la transición se está desarrollando de manera civilizada. No siempre fue así. La transición de 1989 fue muy traumática. Raúl Alfonsín se debatía impotente frente a una espiral inflacionaria que devoraba impiadosamente el sueldo de los trabajadores. Para colmo, en mayo de ese año se produjeron saqueos en diversas ciudades del país que pusieron en jaque la estabilidad de la democracia. Luego de arduas negociaciones, Carlos Menem aceptó asumir seis meses antes de lo que establece la Constitución. Fue en julio cuando la inflación mensual era cercana al 200%. La dramática transición de 2001 aún está fresca en el recuerdo colectivo. Fernando de la Rúa se vio obligado a renunciar el 20 de diciembre de aquel año mientras el país se incendiaba. El centro porteño se parecía bastante a Beirut. Durante los diez días posteriores tuvimos dos asambleas legislativas y un presidente eyectado del poder (Rodríguez Saá). La transición comandada por Eduardo Duhalde también fue muy difícil. El fusilamiento de dos jóvenes piqueteros lo obligó a adelantar las elecciones presidenciales para abril de 2003 y que terminaron consagrando presidente a Néstor Kirchner. Afortunadamente, hoy todo es diferente. Por primera vez en décadas el presidente de un signo político le colocará la banda presidencial a un presidente de otro signo político, en un clima muy diferente a los reseñados más arriba. En buena hora.
Hernán Andrés Kruse

El Banco de Santa Fe

Caminando por la peatonal San Martín hacia el norte se llega hasta la calle Santa Fe, y al levantar la vista hacia la derecha nos encontramos con un hermoso edificio de unos cinco pisos, todo revestido en mármol, en cuya parte superior se puede leer con grandes letras de molde del mismo material: “Banco Provincial de Santa Fe”. Lo mismo sobre la calle Santa Fe, sobre la puerta se puede leer la misma inscripción, al igual que todos los ventanales tienen las iniciales en letras de bronce: “BPSF”. Debemos recordar que de las tres grandes provincias argentinas, Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, la única que perdió su banco oficial fue la nuestra, en dos procesos licitatorios. Un banco que era un orgullo, con 50 sucursales propias distribuidas a lo largo de toda la provincia. ¿Qué diría si se levantara su fundador y primer presidente, Carlos Casado del Alisal, cuya figura de cuerpo entero se levanta en la estatua ubicada en la esquina del banco, señalando con su prominente dedo índice acusador de la mano izquierda?
LE 6.005.840

Quién paga turismo para todos

Dentro de los muchos temas que van a cambiar a partir de que volvamos a ser un país normal, está el asunto del turismo con los fines de semana largos, corrimiento de feriados de sábados y domingos a hábiles, puentes, creación de feriados estrafalarios. Este último, ¿Día de la Soberanía? ¿Alguien sabe qué es? ¿Qué se conmemora? ¿Se hace algún acto oficial que lo justifique? No, nada de eso. Se trata solamente de inventos para la felicidad de la gente. Pero si de eso se trata, decretemos directamente feriados todos los lunes y los viernes del año, así quedan tres días hábiles, que también tendrán algún feriado fijo en el medio, para lograr la felicidad de todos. Ya salió que se gastaron 1.850 millones, y salieron dos millones de personas. ¿Cómo cuentan? ¿Quién calcula la guita que se gastó? A mi nunca me preguntaron. Pero estos días se pagan los salarios de toda la gente, públicos y privados. De los públicos no sería problema porque los pagamos todos de nuestros impuestos, y por lo que se pierde porque ellos no trabajen no se nota, ya que no producen nada. Al contrario, creo que es mejor cuando no van porque no gastan luz, gas, viáticos. El problema es en los privados. El año pasado se pagaron 10 de estos feriados por los privados, que implica mucho más que lo que se recauda por turismo, eso sin contar lo que se deja de producir. Hablar de que se beneficia las economías regionales con ese turismo es dejar de lado a la gran mayoría que se perjudica por el pago de salarios perdidos, más la producción de bienes que no se efectúa. En un país serio, estas cosas se analizan en serio, y se eliminan los feriados políticos inventados.
Ricardo Castellani