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La victoria dentro de la derrota

AFP

Sábado 20 de Septiembre de 2014

AFP

Alex Salmond puede encontrar consuelo en la derrota en su referéndum: no logró el triunfo histórico, la independencia de Escocia, pero sí amplias concesiones de Londres. El ex funcionario y economista del Royal Bank of Scotland tuvo, a los 59 años, el sueño de toda una vida al alcance, pero los escoceses prefirieron seguir en el Reino Unido. "Escocia ha decidido, por mayoría, no convertirse en este momento en un país independiente", dijo en su mensaje de aceptación de la derrota. "Acepto el veredicto de las urnas", sentenció, un poco antes de que el primer ministro británico David Cameron anunciase que inicia el proceso para ceder más poderes a Escocia, como había prometido si los escoceses votaban "no".

Sus partidarios elogian su determinación y habilidad política. Sus opositores lo consideran arrogante, misógino, con una propensión a la grandilocuencia. Sin embargo, los medios de comunicación británicos, a los que a menudo exaspera, coinciden en ver en él a uno de los políticos más talentosos de su generación. Nacido en 1954 en un barrio de clase obrera, cerca de Edimburgo, Salmond es un producto local puro, como lo demuestran su acento y su licenciatura, en economía e historia medieval de la prestigiosa Universidad de Saint Andrews. Su suerte cambió en 1990, cuando este diputado toma las riendas del Partido Nacional Escocés (SNP), entonces marginal. Elegido primer ministro escocés en 2007, domina al heterogéneo SNP con puño de hierro. En 2011 el SNP logró finalmente la mayoría absoluta en el Parlamento escocés. Salmond, que reclutó para la causa al actor Sean Connery y cultiva su amistad con magnates como Rupert Murdoch y Donald Trump, exigió entonces un referéndum de autodeterminación. Y lo logró.

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