Miércoles 28 de Abril de 2010
El radicalismo santafesino vivió 48 horas de consultas frenéticas tras la publicación (el domingo) de declaraciones de un referente del PS que ninguneó las aspiraciones de la UCR de pelear por el primer lugar de una fórmula del Frente Progresista a la Gobernación.
En el socialismo están convencidos de que, en verdad, la ofensiva radical pasará por lograr algunos ministerios. "Hay algo que dicen en la UCR y que es verdad. Nuestro gobierno tiene poca presencia de los aliados. Es más, tiene poca participación de los sectores del socialismo. Tenemos un gabinete binnerista". Ese párrafo, cuyo encomillado pertenece a una alta fuente de la Casa Gris, "enervó a los correligionarios", según pudo chequear este diario.
"No vamos a negociar nuestra opción de encabezar la fórmula a gobernador. Si el socialismo pone el candidato a vice, acordamos el binomio. De lo contrario, vamos a internas. Efectivamente, hubo muchos llamados cuando leímos el panorama político, y en esto hay que ser claros: nadie puede negociar cargos o ministerios en nombre de la UCR". La saludable práctica del concejal Jorge Boasso de evitar hablar en off pone en escena la cuadratura del círculo.
Durante las reuniones que llevaron adelante en el sur y en el norte, los radicales hablaron de cómo blindar la candidatura de Mario Barletta, la principal figura que tiene el partido para negociar con el socialismo. "Mario está de acuerdo en la estrategia de sentarnos a conversar con los aliados, pero siempre con la intención de encabezar la fórmula, o, de lo contrario, pasar por un proceso de internas", agrega Boasso.
El intendente santafesino se mostró en su aparición pública en Rosario proclive a un entendimiento que ponga en segundo lugar la disputa, haciendo hincapié en la imposibilidad de cruzar luego las fórmulas. Traducido: si van a internas por partido, la fórmula socialista o radical que se imponga no podrá luego mixturarse. La única posibilidad de mantener una fórmula radical-socialista, o viceversa, es que a las primarias se presenten dos fórmulas ya mezcladas. Algo que a todas luces hoy resulta quimérico.
Con astucia, el PS comenzó a cabalgar en todos los intersticios. El diputado provincial Raúl Lamberto dijo que la mejor oferta para todos los santafesinos sería la de un candidato a gobernador socialista porque, con esa coloratura, los independientes estarán más cerca de votar al oficialismo. Miguel Lifschitz se mostró propenso al acuerdo y no a un proceso de internas, mientras que, el lunes pasado, Rubén Giustiniani no descartó una interna a fondo con el radicalismo para movilizar al Frente Progresista.
Nadie cree en el PS que, pese a pertrecharse verbalmente para las primarias (en julio de 2011), los radicales eviten el consenso. Es más, la posibilidad de que Hermes Binner integre una fórmula nacional con Ricardo Alfonsín, Ernesto Sanz o Julio Cobos, creen los seguidores de Guillermo Estévez Boero, les permitirá con mayor naturalidad que el sucesor del actual gobernador siga perteneciendo a la rosa roja.
Más allá de los tanteos, unos y otros saben que se necesitan a la hora de darle pelea al justicialismo, aunque desde el campamento peronista todo luzca deshilachado y con pronósticos de dispersión tras el mensaje que dejó el ultrakirchnerista Agustín Rossi: si los disidentes santafesinos compiten por afuera del PJ, los oficialistas locales harán lo propio en las internas.
"Frente a este regalito que nos hacen los peronistas, ¿cómo vamos a ir divididos socialistas y radicales? Olvídese. Ahora vendrá una etapa de presión, pero esto se arregla más arriba, en Buenos Aires. Y el candidato a gobernador será nuestro", reveló ayer un diputado provincial del PS, al tanto de los corrillos que había generado en las filas aliadas la creencia que brota en la Casa Gris respecto a que los radicales, al fin, se contentarán con "algunos ministerios", estrategia que Boasso refutó.
A esta novela aún le restan varios capítulos.