Jueves 16 de Abril de 2009
El gobierno de Cristina pateó nuevamente el tablero político. En una clara apuesta a todo o nada manifestó su intención de que Néstor Kirchner y Daniel Scioli sean los dos primeros candidatos a diputado nacional del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires. Pero eso no es todo. Pretende además que todos los intendentes kirchneristas estén a la cabeza de las listas de candidatos a concejal en sus respectivos distritos. La jugada, hábil y riesgosa, persigue, a mi entender, los siguientes objetivos. En primer lugar, recuperar la iniciativa política que había caído en manos radicales a raíz del fallecimiento del ex presidente Alfonsín. En segundo término, descolocar (una vez más) a la oposición. Fue evidente el desconcierto y el asombro de sus más importantes referentes al comentar la movida oficial. En tercer lugar, garantizar la "lealtad" de los caciques peronistas del conurbano, propensos a jugar a varias puntas con tal de preservar sus "territorios". Y en cuarto término, decirle a la opinión pública que el próximo 28 de junio tendrá lugar en la Argentina un plebiscito en el que el pueblo deberá aprobar o rechazar lo hecho por el kirchnerismo entre el 25 de mayo de 2003 y el 28 de junio de 2009. A muchos argentinos probablemente les disguste esta jacobina manera de ejercer el poder. Probablemente no sean pocos los que consideran que viola el texto y el espíritu de la Constitución nacional y que, por ende, lesiona la calidad institucional de la República. Discutible, polémica y transgresora, la decisión oficial ha puesto en jaque al país. El 28 de junio a la noche se verá si el pueblo valoró positivamente los seis años de gestión kirchnerista o manifestó su deseo de cambio. Como siempre sucede en democracia, su voz tendrá la última palabra.
Hernán Andrés Kruse,
hkruse@hotmail.com