La tracción a sangre
En primer lugar, quería agradecer a Cristian Sebastiani por responder a mi carta. Y quiero decir que coincido plenamente con él en la observación de que quienes conducen un carrito no tienen opciones.

Miércoles 11 de Febrero de 2009

En primer lugar, quería agradecer a Cristian Sebastiani por responder a mi carta. Y quiero decir que coincido plenamente con él en la observación de que quienes conducen un carrito no tienen opciones. Que son marginados y excluidos. Que tienen derecho a una vida digna. Es más, estoy involucrada con movimientos que propugnan un modelo de vida más humano y evolucionado al compás de los tiempos. Pero no es justificarme lo que quiero con estas líneas, sino asegurarme de que no se vea parcial y superflua (como él la califica) mi defensa de los caballos. Soy amante de la naturaleza y por supuesto de la vida en todas sus manifestaciones. Sé lo que son el hambre y el frío, sé lo que es no tener un techo donde vivir, he convivido con el dolor y la miseria, lo cual no me hace ajena al dolor y la miseria de los que se valen de un carrito para subsistir. Pero los animales en general no tienen por qué cargar con la violencia, el maltrato y la desidia de aquellos seres humanos que se sirven de ellos. Si usted me dijera: usan la fuerza de los caballos para llevar pan a sus casas pero los tienen bien alimentados y sanos, y respetan el tiempo de los potrillos (generalmente vemos potrillos aún no formados definitivamente en su parte ósea). Pero en cambio vemos sufrientes seres vivos, yeguas preñadas al rayo del sol que muchas veces paren en las calles, caballitos maltrechos y abandonados de toda protección humana... La mayoría de estas personas, señor Sebastiani, no tienen idea de lo que necesita un animal. Vemos cómo los caballos cuando encuentran basura, comen lo que viene. No tienen control sanitario de ningún tipo. Por otra parte, si vamos a la dignidad de los que viven a costa de un carrito y un pobre caballo, ¿no es más digno que reclame usted a quienes corresponda que procuren brindarles una forma de sustentarse mucho mejor que la arcaica de los carros? ¿Acaso no estoy reafirmando que el ser humano merece algo mejor que juntar cartones y basura utilizando todavía la tracción a sangre, aquí, en esta ciudad de Rosario, la segunda del país? Si se prohíbe la tracción a sangre, esas personas comenzarán otra vía para llevar sustento a sus hogares. Sus vidas no se reducirán "a ver lo que encuentro hoy en los contenedores". Si usted quiere defender a esas personas de la marginalidad y de la pobreza extrema, debe ser partidario de que no existan más carritos con tracción a sangre.

María Espinosa, DNI. 10.779.738