Martes 21 de Octubre de 2014
La Segunda Guerra Mundial no trajo ningún acuerdo ni compromiso entre las grandes potencias. A setenta años de esa cruel confrontación este loco, loco mundo continúa buscando su destino en medio de aciertos y desatinos. La investigación, la ciencia y la tecnología mejoran y prolongan la vida del ser humano pero simultáneamente surgen nuevos virus o desconocidas enfermedades capaces de provocar catástrofes humanas en cuestión de horas. Las organizaciones cuya meta es bloquear o desalentar el uso de tabaco, alcohol, psicofármacos deben lidiar contra el creciente comercio internacional de drogas que destruye cuerpos y cerebros a cualquier edad. Los progresos espaciales, la informática y la telefonía celular aceleran las comunicaciones y proporcionan mayores conocimientos pero su naturaleza se desvirtúa cuando caen en manos de organizaciones con propósitos inconfesables, delincuenciales o deformantes. Las naciones industrializadas reciben petróleo a cambio de armamentos y así facilitan el equipamiento militar de organizaciones terroristas. Los grupos ecologistas buscan proteger la atmósfera pero igualmente se ataca a la naturaleza envenenando el ambiente con residuos sólidos o destruyendo fauna y flora a nivel mundial. Se rodea al ser humano con confort, comodidades y condiciones de vida impensadas tiempo atrás, pero lamentablemente se prosigue dejando de lado a millones de personas que son explotadas, están hambrientas, enfermas, sin oportunidad de progreso. Los gobernantes y políticos practican y facilitan la corrupción a cualquier nivel. La fuerza vence a la razón pero eso no importará mientras se sigan obteniendo ganancias. La Tierra podría ser justa pero no la dejamos.
Rubén Mario Baremberg / DNI 6.012.531