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La Superfinal fue un duelo de campeones

Fue un partido decisivo. Así lo entendieron. Así lo interpretaron. Hasta por momentos con excesiva fuerza. Como una final entre dos campeones. En síntesis, lo que fue.

Domingo 30 de Junio de 2013

Un marco considerable para dos grandes cuadros. Mucha gente de un lado y bastante del otro. Un estadio acorde a las circunstancias. Una organización ajustada a la magnitud que se le pretende dar a esta novel competencia. Entusiasmo en derredor. Determinación en el campo de juego. Algunos destellos de calidad individual. Varias pinceladas de fútbol asociado. No fue para los contendientes una cita de compromiso. Fue un partido decisivo. Así lo entendieron. Así lo interpretaron. Hasta por momentos con excesiva fuerza. Como una final entre dos campeones. En síntesis, lo que fue. Como se decía en el barrio cuando se enfrentaba al otro barrio: a cara de perro. Si tanta intensidad hasta exigió al árbitro Néstor Pitana más de la cuenta, hasta envolverlo en varios fallos polémicos. Pero todo concluye al fin. Como esta Superfinal. Que anoche en Mendoza comenzó a escribir su historia. Y que en su primera página tiene inscripto el primer título: Vélez.

   Ahora, la proyección en el tiempo establecerá la seriedad, el contenido y la distinción de esta contienda. La que antes de empezar su derrotero ya generó tantos cuestionamientos como opiniones favorables.

Es sabido que en el fútbol argentino el dinero despierta adhesiones en quienes los dirigen, conducen y juegan, al tiempo que la estrella en disputa seduce al orgullo de pertenencia de los hinchas porque nutren el folclore. Por eso ayer esta apertura de ciclo contó con un notorio respaldo popular a pesar de la distancia. Un seguimiento que se percibió con entusiasmo y nerviosismo. Los que tuvieron sus puntos de máxima expresión luego de cada jugada que movió el amperímetro de la emoción.

   Newell’s se sorprendió con el gol de Pratto en el despertar del partido, casi en la primera incursión profunda del Vélez de Gareca, quien siguió con espíritu crítico los fallos de Pitana, encono que aumentó con el penal y posterior expulsión de Cubero. Aunque la volada de Sosa para desviar el flojo remate de Scocco funcionó como un calmante.

   De antemano se sabía que Newell’s llegó a Cuyo con la hoja de ruta marcada, que le indicaba que en pocos días tiene semifinales de Copa Libertadores, pero también le señalaba que lo que juega lo quiere ganar. Por eso, y más allá de las objeciones de Martino a la Superfinal, vino por todo: la plata, la estrella y el deber.

   Diferente fue el GPS de Vélez, que lo derivó aquí con la urgencia de ganar para remediar un semestre adverso, y que tuvo en Newell’s a su verdugo. Por eso poco importó que este desafío haya demorado las vacaciones.

   Con un primer tiempo favorable a los del Fortín, Newell’s trató de sacar rédito a su mayoría numérica en el campo de juego en el complemento. Algo que le costó y mucho. Como así alcanzar el rendimiento acostumbrado. En función de esto Martino movió algunas piezas para ser más profundo y pugnar por revertir el resultado. Lo tuvo Casco, lo erró. También Figueroa. Tampoco lo lograron Maxi Rodríguez, ni Vergini.

   Así las cosas, Vélez se quedó con la Superfinal y Newell’s ahora debe enfocar en lo que más le importa, la Copa Libertadores, allí donde el miércoles recibe a Atlético Mineiro, en otra jornada de máxima tensión.

Los jugadores leprosos respetaron la premiación

Lo peor que le podía pasar a Newell’s de cara al trascendental partido que jugará por la semifinal de la Libertadores era empatar en los últimos minutos y así forzar un alargue que hubiera tenido un alto desgaste para el plantel, y es por ello que más allá de la insistencia por igualar quedó la sensación de que el pitazo final dejó conforme a la planificación del cuerpo técnico, independientemente de entender que perder no le gusta a nadie.

   No obstante, cuando Pitana indicó la culminación, los jugadores leprosos se aglutinaron de manera ordenada y esperaron que la ceremonia final se haga para retirar de manera disciplinada la medalla correspondiente, para después aguardar con respeto la consagración de Vélez. Cuando los rivales recibieron el trofeo, los jugadores rojinegros aplaudieron y se fueron al vestuario con corrección.

   A esa altura, los hinchas rojinegros se habían desconcentrado para regresar a Rosario, donde este miércoles jugarán por lo que más les interesa: la semifinal copera.
 

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