La sociedad es un espejo
No me gustan las encuestas si o no, blanco o negro; considero que todo lo relacionado con los seres humanos tiene una compleja interacción de variables. Por eso no fue para mí un parámetro real condenatorio la encuesta de que los únicos culpables de la educación son los padres.

Miércoles 25 de Julio de 2012

No me gustan las encuestas si o no, blanco o negro; considero que todo lo relacionado con los seres humanos tiene una compleja interacción de variables. Por eso no fue para mí un parámetro real condenatorio la encuesta de que los únicos culpables de la educación son los padres. Limitar nunca fue fácil. Tal vez esa  tarea sea para aquellos que pueden aceptar en principio que el límite es un aliado necesario en la educación, y que limitar no tiene por qué parecerse a prohibir ni a coartar. La falta de límites en los niños y jóvenes de nuestra sociedad es una realidad y una amenaza que crece. Estamos rodeados de gente adulta, que tiene dificultades para respetar pautas externas, culturales, de convivencia. Unos padres que no pusieron límites a tiempo, o que no los pusieron o los pusieron mal, generan un hijo que seguramente tendrá de adulto  trabas para interaccionar con la realidad. Pero ¿cuál es la realidad? Partiendo de la pirámide de poder cómo se puede respetar a una presidente que, cual reloj cucú de Córdoba “tuneado en hembra”, sale a cada rato por cadena nacional para emitir palabras vacías de realidad. Creo que lo que transmite es “proclamo en voz alta la libertad de pensamiento y muera el que no piensa como yo” (Voltaire). Una oposición desmembrada y con permanentes conflictos. Una justicia sin venda y con uno de los platos cargado de favores y dinero. Inseguridad: ¿derechos humanos para “todos y todas”? (porque el derecho de los que hacen avanzar el país no se ve). Un gobierno provincial y municipal que no saben o no se preocupan en castigar el vandalismo o infracción a ordenanzas. Un poder religioso que abusa de su poder. Educación devastada y sin claros objetivos sociales; a veces limitadas por las mismas familias de los educandos. Una codicia desmedida de tener las cosas rápido, fácil y sin esfuerzo, garantizadas como parte del exitismo por los medios y profundizadas con subsidios sin esfuerzo. Una realidad contradictoria entre lo que nos dicen los “buenos y los malos” de la película, un espejo que se distorsiona entre lo que se dice y lo que se hace. Quizás todos antes de actuar tendríamos que vernos en el espejo y tratar de ejemplificar con nuestras acciones cotidianas la frase de Jean Paul Sartre: “Mi libertad se termina donde empieza la de los demás.”

Silvia Buonamico