Miércoles 28 de Mayo de 2014
En la sociedad moderna todo se ha convertido en espectáculo: el estado espectáculo, los rituales litúrgicos espectáculo y el relato vivo de la violencia espectáculo. Todos somos espectáculo, incluso sin quererlo. Todo es morbo. El morbo está de moda por razones económicas y de rentabilidad. Horas frente a una pantalla de TV o internet provocó la mutilación sensorial, psicológica y social de la percepción del mundo. El placer voyeurista se ha comercializado y la modalidad de espiar vidas ajenas ha transgredido la esfera íntima. La excusa victimista donde la culpa la tiene una sociedad deshumanizada, es no aceptar lo que somos. “Conócete a ti mismo”, dice la antigua máxima. ¿Y si no nos gusta lo que descubrimos? ¡No somos inocentes! Veo demasiada agitación emotiva, mezcla de lo verdadero con lo falso y muy apropiado para ser extraviada, pues aparece como una necesidad biológica que manda adhesión al grupo frente al resto, el enemigo. Nos están vendiendo miedo para comprar seguridad. El discurso arrogante y altanero ya no convence. No hay que culpar al otro por ser violento o pesimista, esa es una forma de esquivar la responsabilidad. Somos la violencia. El cerebro cambia cada día en función de lo que pensamos y hacemos, y suele manifestarse como ejemplo en la impaciencia del enfermo, que lo inclina hacia la muerte. Nuestra Patria está enferma y no me inquieta pensar que el hacha está por llegar a la raíz.
Roberto Luis Taltavull