Lunes 16 de Agosto de 2010
Escribo estas líneas para descargar la bronca y para que el “resto de la gente”, léase los no motociclistas, sepan lo que siento. Todos los días me muevo por la ciudad en mi Honda del 93 por el macrocentro y Fisherton, para llevar al colegio al menor de mis hijos e ir a mi trabajo. Con todo en regla y cascos colocados. Por este frío me he comprado ese abrigo que bien no sé cómo llamarlo, pero se trata de una especie de cubrecuello y nariz, y sólo se te ven los ojos. Por supuesto que arriba de esto el casco. Al circular por las calles y cuando pasás a un vehículo, o andando a baja velocidad por el tránsito, o cuando en un semáforo te parás al lado de un auto ves cómo los ocupantes ocultan pertenencias, se aferran a las carteras o se aprestan a bajar los seguros y te miran con preocupación. Tengo la “sensación” de ser un delincuente que inspira miedo en el resto de los transeúntes. Digo sensación porque el término está muy de moda. Y la verdad es que me pone en una situación incómoda. Esa presunción se la debemos a los medios pero fundamentalmente a nuestros gobernantes que nos apuntan y discriminan, ya que por el hecho de tener una moto somos sospechosos, potenciales “motochorros”. Reflexiono: para cuando la norma del chaleco y la patente rotulada en el casco lleguen, ¿ya dejaré de ser sospechoso? y ¿los automovilistas ya no me temerán cuando me pare a su lado en un semáforo? Por supuesto que no. Entonces: ¿por dónde pasa la solución a la inseguridad? Creo que pasa por el buen equipamiento e instrucción a la policía, y no por discriminar a la buena gente que circula en moto.
Marcelo Carranza
DNI 16.935.112