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La Rosa quiere reabrir, pero ahora como bar con amenización musical

El dueño del local, el Indio Blanco, procesado por facilitar la prostitución, también planea poner un hostel en el albergue lindero. El sexy bar de Callao 125 bis había sido clausurado en el marco de una investigación que demandó varios meses.  

Martes 01 de Octubre de 2013

Apenas dos meses después de que La Rosa Sexy Bar de Callao 125 bis fuera clausurada y su dueño, Juan Cabrera, procesado por facilitamiento de la prostitución, una sociedad anónima presentó a la Dirección de Habilitaciones un proyecto para reabrir en ese lugar un bar con amenización musical y números en vivo. El pedido (trámite Nº 51.279/2013 H) ingresó al municipio el 30 de julio pasado a nombre de una sociedad anónima, pero fue el propio Cabrera, más conocido como Indio Blanco, quien confirmó ayer que en su carácter de "titular del inmueble" planea instalar el nuevo negocio "junto a otra gente". No sólo eso: en el hotel alojamiento contiguo, que ocupaba la planta alta de La Rosa y cuya supuesta conexión con la whiskería funcionó como un dato clave para imputarle el delito de proxenetismo, admitió estar planeando abrir un hostel.

En rigor, ante la consulta de La Capital, Cabrera sólo admitió estar proyectando la apertura de un bar y pizzería, al que luego precisó mejor como un "local de comida rápida tipo McDonald's".

También adelantó que se trata de una "reestructuración total" del comercio anterior y negó haber solicitado ya un permiso formal para abrirlo. Y aunque en estricto off alguien arriesgó que el lugar se llamará La Butifarra, su futuro dueño dijo no haber pensado ni en el nombre.

Sin embargo, en Habilitaciones municipal corrigieron la información: aseguraron que el 30 de julio último les ingresó una nota donde una sociedad anónima solicitaba autorización para la apertura de un "bar con amenización musical y números en vivo", justamente en Callao 125 bis.

En cambio, en la repartición dijeron no tener registro de ningún pedido para instalar un hostel en Callao 127 bis, es decir, la puerta lindera que conduce a la planta alta donde hasta la clausura La Rosa funcionaba un hotel alojamiento. La solicitud tampoco aparece en el Distrito Centro.

Respecto de eso, Cabrera se limitó a hablar de un emprendimiento aún "en pañales" y con un "nuevo formato", pero a la vez admitió tener la "intención" de "hacer trabajar también ese local" bajo la categoría de hostel. "Como titular del inmueble estoy con otra gente pensando en encarar algo de ese tipo", afirmó.

Su abogado, Paul Krupnick, dejó en claro que aunque su cliente sigue procesado por promoción y facilitamiento de la prostitución, "no existe ningún impedimento legal para que trabaje comercialmente" y, de hecho, recordó, continúa "normalmente" al frente del boliche Willie Dixon.

Tampoco hay razones, afirmó, "para que se le niegue la habilitación de un nuevo emprendimiento", siempre que se encuadre en la normativa vigente.

En la cuadra donde hasta el 25 de mayo funcionó la whiskería La Rosa, clausurada ese mismo día, poco ha cambiado. El local pintado de negro sigue como entonces (excepto la cartelería) y bajo su puerta se podía ver, toda una metáfora, una notificación judicial que minutos después levantó una persona antes de ingresar al alojamiento de la puerta contigua.

En un quiosco ubicado a pocos metros, una ex empleada de La Rosa confirmó la reapertura del bar en el que se entusiasmó con la idea de volver a trabajar. "Querían llegar para abrir el fin de semana pasado, pero se atrasaron unos trabajos de carpintería", dijo la chica.

La Rosa fue allanada por la Justicia, la Secretaría de Prevención e Investigación de Delitos Complejos, la División Trata de Personas y la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) tras meses de investigación.

Tras el allanamiento el local fue clausurado y su dueño detenido por orden de la jueza de Instrucción Nº 2, Alejandra Rodenas, quien lo mantuvo en prisión 17 días acusado de facilitar la prostitución de las mujeres que trabajaban en el local, todas mayores.

La defensa del Indio Blanco (cuyo procesamiento fue apelado) siempre invocó que su cliente sólo hacía negocio con la venta de entradas al local (60 pesos), las consumiciones y el alquiler de cuartos en el alojamiento contiguo (del que aceptó ser propietario), pero negó cualquier participación en el comercio sexual de las alternadoras.

"Si alguna decide una cuestión sexual, a él no lo favorece ni lucra con ello", aseguró por entonces Krupnick.

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