Miércoles 22 de Abril de 2009
Tiempo atrás, cuando me llegó el primer mail contando la riqueza de los Kirchner, me pareció exagerado. Después siguieron llegando más correos, pero la semana pasada, después de ver el programa televisivo de Lanata, no tuve más remedio que enfrentarme a la más vergonzosa de las realidades. El patrimonio de la familia Kirchner es incalculable. Las tierras, hoteles de superlujo y negocios con la obra pública para beneficiar además las tierras compradas a precios de remate, son una muestra más de la incongruencia del discurso presidencial. Hablar de redistribuir la riqueza desde el barro de Tartagal es vomitar sobre los pobres y hundirlos más en su pobreza. Si los diez años de Menem fueron los de mayor corrupción, los seis que lleva esta familia en el gobierno los superaron ampliamente. Después vendrán las explicaciones oficiales y la persecución a los difamadores que osaron investigar el patrimonio familiar, pero la investigación fue brillante y las propiedades están identificadas con las sociedades controlantes y los nombres de los socios. Ya no hay más margen de error. No puede ser otra maniobra desestabilizadora del campo. Ojalá pensemos bien a la hora de votar y nos acordemos entre otras cosas de esto. No podemos volver a equivocarnos.
Marcelo Dotti, dottimarcelo@hotmail.com