Miércoles 03 de Diciembre de 2008
Cristina jamás olvidará la madrugada del 17 de julio de 2008. El vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, votó en contra de la resolución 125 y permitió a las entidades agropecuarias saborear las mieles de una victoria histórica. El gobierno nacional sintió el impacto. La mayoría parlamentaria kirchnerista se había evaporado y los rumores sobre la renuncia de Cristina se hicieron escuchar con fuerza en las horas posteriores al cataclismo. La oposición estaba eufórica y sus máximos dirigentes habían extendido el certificado de defunción de Cristina. Con una imagen pública deshecha y carente de iniciativa política parecía que el gobierno nacional no iba a ser capaz de asimilar el golpe propinado por el voto "no positivo". Sin embargo, Cristina no se dejó vencer por la adversidad. Rebelándose contra el deseo de muchos de convertirla en una efímera presidenta Cristina comenzó "paso a paso" con la ciclópea tarea de reconstruir su maltrecha presidencia. Y lo que en agosto parecía imposible en diciembre es una palpable realidad. Cristina logró retomar las riendas del poder frente a la incredulidad de una oposición cuya mediocridad es inédita en nuestra historia. Las victorias obtenidas en el Parlamento por el gobierno nacional con posterioridad a la debacle de julio ponen en evidencia la resurrección de Cristina. En efecto, la aprobación del presupuesto 2009, la movilidad jubilatoria y, fundamentalmente, la estatización de las AFJP, corrobora la reacción de un gobierno que había quedado malherido luego de 4 meses de combate con las entidades agropecuarias. De aquí a fin de año lo más probable es que el gobierno nacional salga airoso de los desafíos que implicarán el tratamiento en el Senado del impuesto al cheque y la emergencia económica y en ambas cámaras del polémico "paquete anticrisis". El gobierno nacional ha vuelto a respirar normalmente, ha recuperado la confianza (mucho más luego del histórico triunfo del radical K Gerardo Zamora en el ex feudo de la familia Juárez) y, lo que es más importante, la autoestima. Mientras tanto, la oposición aún es incapaz de cumplir con aquella función que hace a su esencia: presentar a la sociedad un modelo alternativo de gobierno.
Hernán Andrés Kruse, hkruse@fibertel.com.ar