La renuncia de Benedicto XVI
Al ver las últimas imágenes del Papa Benedicto XVI recorriendo la plaza de San Pedro se vinieron a mi mente los dos encuentros cercanos que tuve con este Papa. Uno fue en 2007 cuando vino...

Viernes 01 de Marzo de 2013

Al ver las últimas imágenes del Papa Benedicto XVI recorriendo la plaza de San Pedro se vinieron a mi mente los dos encuentros cercanos que tuve con este Papa. Uno fue en 2007 cuando vino a Rio de Janeiro y el segundo en la Jornada Mundial de la Juventud en 2011, en Madrid. En las dos oportunidades lo vi rodeado de jóvenes y mostrando un costado muy diferente al que se ve a través de los medios de comunicación. Vi a un ser humano sencillo, sereno, cariñoso, con un gran corazón, capaz de abarcar a toda la humanidad. En las dos oportunidades habló con mucha claridad, fue espontáneo y directo. Nos habló de los temas que nos importan. Benedicto fue el Papa de esta generación de jóvenes. Y lo que pude ver es sólo la punta del iceberg de un gran hombre que nos deja una claridad doctrinal excepcional, dirigida a todos los hombres que quieran conocer más acerca de Dios, una capacidad de buscar la unión con el que piensa diferente, una gran humildad para pedir perdón por los que otros hicieron mal, una gran docilidad para aceptar el cambio de los tiempos y sobre todo para escuchar lo que Dios quiere de él. Sabemos que no dejará a la Iglesia porque seguirá rezando desde lo oculto. Sin embargo, no se puede negar la tristeza que nos produce que ya no ocupe la silla de Pedro. El nos lo dijo claramente: la Iglesia la gobierna Cristo. Seguramente, una vez más seremos testigos (como ocurrió tantas veces en la historia de esta Iglesia milenaria) de que los hombres no podrán destruirla;  de  que  las puertas del infierno no podrán contra ella. Lo dijo Cristo. Las palabras de los hombres pasarán, pero las de Cristo no. Confiamos ahora en que el nuevo pontífice sea un buen instrumento para que Dios guíe a su pueblo. De corazón: ¡gracias Benedicto!

DNI. 25.750.500