La religión y la psicología (II)
Se presta a múltiples consideraciones la interesante carta aparecida el pasado domingo 18 de julio bajo el título "La religión y la psicología", a la cual me referiré.

Lunes 26 de Julio de 2010

Se presta a múltiples consideraciones la interesante carta aparecida el pasado domingo 18 de julio bajo el título "La religión y la psicología", a la cual me referiré. Dicen los ocultistas, con referencia al origen del hombre, que éste no apareció en la Tierra tal como está actualmente constituido, sino que ha venido evolucionando lentamente y así continuará. En una etapa del camino hace millares y millares de años sólo disponía de una esfera emocional tal como son ahora los animales, careciendo de la esfera mental, o sea de su capacidad para razonar. Para avanzar en su evolución fue necesario este último aporte y simultáneamente la religión conducida por personas de alto rango espiritual cumplió la función de auxiliarlo para encauzar y morigerar sus pasiones que todavía aún prevalecen, como así también para dar respuestas a interrogantes metafísicos y espirituales. Sin embargo, las religiones organizadas que se han venido sucediendo a través del tiempo, conducidas por personas que suelen autoproclamarse como poseedoras de un mandato extrahumano, lamentablemente han hecho lo contrario a los principios espirituales que decían sustentar, tanto en Oriente como en Occidente defraudando a los que se acercaron plenos de sinceridad y con la mejor buena voluntad. Sin embargo, la ley de consecuencia pondrá las cosas en su lugar. Las aguas del tiempo continuaron fluyendo y así a fines del siglo XIX y principios del siglo XX aparecieron los investigadores teosóficos y rosacruces que estudiaron y bosquejaron la constitución del hombre, su origen y destino, formulando asimismo las teorías de karma y reencarnación, de consecuencia y renacimiento, y otras que reemplazaron a creencias antojadizas y sin fundamento. Surgió simultáneamente la psicología cuyo valioso campo de acción actualmente se ocupa del hombre que piensa y siente, ocupando los espacios que dejaron las religiones. Aparece, asimismo, el eminente educador Jiddu Krishnamurti (1895-1986) quien abre nuevas perspectivas sugiriendo que se lleve a cabo el autoconocimiento para liberarse del temor, la violencia, el apego, el egocentrismo y otros estigmas que ensombrecen nuestro mundo interior. Consideraba a las religiones como una muleta innecesaria para el ser humano inteligente quien siempre debe reemplazar las creencias por evidencias porque tiene la innata capacidad de despertar potencialidades que actualmente permanecen en él dormidas. Es una perspectiva un poco distante a nivel masivo, pero que puede ser abordada por cualquier persona que sienta vocación sincera y firme para lograr el objetivo propuesto porque no hay privilegiados ni poseedores de prerrogativas especiales. Es la posibilidad positiva de la era mundial que se avecina.

Pedro S. Tavacca,

tavacca.pedro@gmail.com