Viernes 24 de Agosto de 2012
Lo que muchos temían y rechazaban se ha instalado como el más acuciante tema político: la reforma constitucional para permitir la reelección indefinida del presidente de la República, que se iniciaría con Cristina. La presidenta necesita el 66 por ciento de los votos del Congreso (Diputados y Senadores) que en 2012 no los cuenta. No obstante, el oficialismo ha mostrado su capacidad de maniobra para convencer a legisladores, a presionarlos, a compensarlos con dádivas a sus provincias o personales. El operativo podría estar en marcha. Los gobernadores provinciales que por sus Constituciones no pueden ser reelectos son incondicionales porque les abre el camino a ser los nuevos caciques regionales. Si ese primer intento no tiene éxito, el oficialismo tiene que enfrentar las elecciones del 2013, donde exhibirá sus logros defendiendo a los pobres, subsidios, aumento a jubilados y responsabilizará a otros países de los críticos problemas económicos nacionales. Mentirá, prometerá, corromperá y dilapidará dinero para ganar la elección, porque en la Argentina no está penado. La caída en la intención de voto a la presidenta no parece tener importancia electoral porque la oposición es un conglomerado de agrupaciones alrededor de un líder, todas carentes de un programa confiable, de prosperidad y que atraiga a la ciudadanía.
Marcelo Castro Corbat