Lunes 15 de Junio de 2009
Hace más de cinco siglos fueron los mercaderes de Europa occidental los que buscando la ruta de las especias llegaron a estas tierras. En nombre de la Corona de Castilla aniquilaron vidas, arrasaron culturas e impusieron creencias con la espada de los conquistadores y la cruz de los frailes que bendijeron cañones. Esas campañas de exterminio diezmaron civilizaciones enteras, sometieron a la explotación inmisericorde a milies y miles de seres humanos. Además, como bien lo explica Antonio Brailovsky en sus libros sobre el ecocidio de Iberoamérica, devastaron el medio ambiente, flora, fauna, etcétera. Luego los exterminadores vernáculos como Juan Manuel Ortiz de Rozas, Julio A. Roca, Olascoaga, Fotheringham, Guerrico y demás completaron su vil tarea. Desde hace décadas las empresas del caucho, el cacao, el café, los plátanos, las petroleras y mineras continúan destrozando vidas sólo por el lucro. Los Estados nación de América latina, fieles servidores del capital, realizan periódicas incursiones y matanzas de pueblos indígenas. La reciente matanza perpetrada en Perú es sólo la punta de un gigantesco iceberg, subyacente en nuestras latitudes. Cientos de prisioneros políticos y otro tanto de procesados y perseguidos por resistir con dignidad. Cinco siglos igual de ecocidio y genocidio, en este continente de venas abiertas que no dejan de manar la sangre de los oprimidos.
Carlos A. Solero,
casolero_1@hotmail.com