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La prueba que no fue

El ejercicio de entender las razones de la dura derrota sufrida el sábado en el estadio Mario Alberto Kempes puede resultar arduo, aunque no lo es tanto. Central cometió muchos errores, demasiados, y enfrente tuvo un equipo que no lo perdonó.

Lunes 05 de Marzo de 2012

El ejercicio de entender las razones de la dura derrota sufrida el sábado en el estadio Mario Alberto Kempes puede resultar arduo, aunque no lo es tanto. Central cometió muchos errores, demasiados, y enfrente tuvo un equipo que no lo perdonó. Pero si de las derrotas se aprende, ésta dejó unas cuantas enseñanzas. La más contundente, incontrastable por cierto, es que ante la primera gran muestra de carácter que el canalla debía dar en lo que va del año se dio la cabeza contra la pared. No por ello hay que dejar de lado la importancia de los puntos contra Desamparados, Defensa y Justicia y Atlanta. Sin eso hoy Central no estaría, aunque un poco más lejos, encaramado en el lote de vanguardia. Punto y aparte.

  Tanto se habló en la previa de este partido que era imposible no ponerle un rótulo cuanto menos importante. Es que todos hablaron de un encuentro clave, aunque coincidieron en que no se trataba de uno definitorio. Razón no le faltó a ninguno. De hecho hoy el equipo sigue ahí, con 45 puntos por disputarse.

  El tema es que los análisis, ya más en frío, suelen incluir ciertos componentes que apenas terminado un partido difícilmente aparezcan. ¿Central estuvo lejos de lo que la concentración, el juego y la compostura que se imponía como condición sine qua non? Definitivamente sí. Las secuelas hoy se observan en la tabla de posiciones (se hace referencia a la chance desperdiciada de haber quedado a un punto de la punta). No más que eso, más allá del ánimo con el que el plantel dejó el Mario Alberto Kempes. Lo que surja de ahí en más podrá apreciarse con mayor detenimiento una vez que haya jugado contra Gimnasia y Esgrima de Jujuy, el rival del lunes 12.

  Hasta aquí Central no había perdido con ninguno de los equipos que hoy están animando el torneo. Por eso la dramatización de los hechos no debe ser tal porque el golpe fue contundente. Y más. Nunca antes había sido superado durante tanto tiempo por el rival.

  Pero hay una realidad. Los tiempos se acortan y los aprendizajes imponen un menor tiempo para el reposicionamiento.

  Recordar algunas otras ocasiones donde la prueba de carácter existió (para bien, claro está) también es un buen ejercicio y que sirve para alimentar el ego y renovar la confianza. Sucedió en aquel partido contra Instituto en el que levantó el resultado, en la recuperación de la línea futbolística después de cuatro partidos (Almirante Brown, Independiente Rivadavia, Quilmes y Deportivo Merlo) sin triunfos, la recordada victoria contra Huracán jugando con un hombre menos desde los 2' y seguramente haya algunas otras. Pero esta vez no se dio.

  La compostura y la línea futbolística colapsaron y el resultado fue el peor dictamen. Es lógico que se lamente lo sucedido. Está bien que así sea. Lo que no debe obviarse es que de aquí en más todas serán pruebas de temple y carácter. De allí la capacidad para el aprendizaje en esto de no chocar otra vez con la misma piedra. Es lo que se impone.
 

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