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La política en el campo minado

Difícilmente permita dar vuelta un resultado que se selló con el fallo del juez Thomas Griesa y la decisión de la Corte de Estados Unidos de no revisarlo

Domingo 12 de Octubre de 2014

La preocupación expresada esta semana por la autoridades máximas del FMI sobre el impacto del accionar de los fondos buitre en el sistema financiero global es un resultado positivo de la estrategia internacional que se dio el gobierno en el marco del conflicto por la deuda.

Difícilmente permita dar vuelta un resultado que se selló con el fallo del juez Thomas Griesa y la decisión de la Corte de Estados Unidos de no revisarlo. Pero cristaliza un esfuerzo político enorme por ganar capacidad de maniobra en una disputa en la que la relación de fuerzas es totalmente desequilibrada.

En un mundo que se transforma, donde las tensiones geopolíticas y el bajo crecimiento económico abren el juego de políticas y alianzas más que los que los cierran, la diplomacia que desde el quinto infierno ejerce el gobierno nacional comienza a abrir pequeñas grietas y encontrar algunos refugios en el otrora monolítico discurso de los organismos de relación multilateral.

La percepción de que la interpretación de Griesa de la cláusula pari passu deja a las reestructuraciones de deuda a merced del accionar de los fondos buitres impacta en líderes ortodoxos que tienen en la misma Europa, que no logra despegar de la recesión, los componentes de una bomba financiera que no terminan de desactivar.

El activismo de política monetaria estadounidense comienza a traccionar a la primera economía del norte, mientras que el viejo continente se debate en un ajuste. La vieja tensión entre capital financiero e industrial parecen jugarse en esta contracara, donde también está en juego el crecimiento de los países emergentes. Mientras los precios de los commodities desaceleran, el Fondo Monetario revisa a la baja las perspectivas económicas de América latina.

El contexto internacional se redefine en un juego de poder con resultado incierto. En esa movida, el gobierno intenta revertir la derrota asegurada por los fondos buitres y sus jueces amigos.

La política es la principal herramienta. El activismo político que tiene como voz cantante al ministro Axel Kicillof permite al gobierno dar batalla en los múltiples frentes que abre la feroz puja distributiva en Argentina. Con dispar suerte, pero sin alternativa por el lado del oficialismo y la oposición, busca abrir los resultados cerrados por la acción y el discurso.

Los cambios en el Banco Central, la suba de tasas de interés de los depósitos, la intención de domesticar el accionar especulativo de las cuevas financieras y las casas bursátiles que trabajan básicamente sobre las expectativas de devaluación, lograron contener en parte la escalada especulativa que se inició en agosto, luego de que el juez Griesa impidiera el pago de deuda a los acreedores.

La denuncia opositora sobre que no son soluciones de fondo no impide reconocer que cada medida de ese tipo expone y la naturaleza de cada problema. Frente a una inflación desbocada, Precios Cuidados ofrece un listado de precios de referencia para una canasta de artículos. Es tramposo cargar a su exclusiva cuenta el combate contra los aumentos. Ahí está en su cuarta etapa y no hay especialista en consumo que no admita su incidencia sobre los canales de comercialización.

Los planes de incentivo a la demanda automotriz devolvieron los clientes a las concesionarias, lo que a la vez terminó exponiendo que el reclamo de las automotrices era distinto al que planteraon públicamente durante medio año. La pelea con los butires demuestra también que se puede negociar en términos más duros. Es mucha la impugnación que surge de distintas carpas políticas y económicas respecto de la estrategia oficial al respecto. Pero no surgen alternativas desde esos foros, que no sean las de los propios buitres: la rendición incondicional.

La batalla clave del equipo económico se avecina. Es la paritaria con las cerealeras y el campo para los agrodólares, en un contexto en el que la mesa de diálogo se equilibra por el efecto pobreza de la baja del precio de la soja. Merced a un ajuste que quizás hubiera sido más cruento en otras manos, las balanzas de pago sectoriales se van ajustando a la situación de escasez de reservas. Argentina puede exhibir todavía superávit comercial.

Un acuerdo con el campo que facilite la liquidación de agrodólares daría aire para empezar 2015 con otra tónica. Un respiro salarial a fin de año, cuando en los territorios local, provincial y nacional se alimentan las usinas de crisis "tradicionales" en diciembre, ayudaría.

En esa lógica, el pedido de la CGT oficialista de un bono salarial para fin de año, que se suma a la demanda que ya anticipó la central obrera opositora que conduce Hugo Moyano, sumarían una valla de contención.

El lanzamiento de los planes de consumo en cuotas suman su gota de agua. El tiempo ganado es un bien más preciado que el dólar y cada mina desactivada es un triunfo. En época de discusión presupuestaria, esa lógica domina a todos los niveles de la administración: Nación, provincia y municipios.

El cambio del fondo de obras menores y la media sanción del fondo compensador del transporte en la Legislatura provincial forman parte de las estrategias de acuerdos políticos para moderar los ajustes tarifarios que se vienen.

La discusión sobre los recursos también está en ese ámbito, con los proyectos por ahora frenados de la tasa vial, el impuesto verde y el endeudamiento para infraestructura.

Los oficialismos territoriales, aun de distintos signos políticos, enfrentan en los próximos meses desafíos importantes en materia de gobernabilidad, que quizás obliguen a moderar la virulencia de la pelea en el tiempo electoral. Un tiempo que todos quieren protagonizar, pero que a nadie sirve remontar desde la desarticulación económica y social.

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