Sábado 08 de Junio de 2013
Simón Bolívar expidió un decreto para que se recogiese a los niños pobres y abandonados de ambos sexos. No en casas de misericordia, conventos, cárceles ni hospicios, sino en edificios cómodos y aseados, con recintos dedicados a talleres y a las niñas, la enseñanza propia de las labores de la mujer para que no se perdieran desde pequeñas por las calles. Para que no se prostituyeran o hicieran del matrimonio una especulación para asegurarse la vida. Todos tenían que estar decentemente higienizados y vestidos, alimentados, curados y recibir instrucción moral, social y religiosa, impartida por buenas y buenos maestros. Tema que traigo a colación referente a la carta de una lectora en la edición de La Capital del 5 de junio pasado, “Cristina y los niños”. En la misma edición, leo: “Ponen en marcha la reconversión del ex Batallón 121”. Extraordinaria edificación con un gran campo para explotar dormitorios, oficinas, enfermería y depósitos. El abandono de esta extraordinaria construcción, si la memoria no me falla, lleva más de 35 años de abandono. Sin ninguna especulación educativa por parte del Estado, una ex dependencia nacional que a nuestros sabios gobiernos siempre les ha quemado las manos. Dice la lectora: “Existen muchos niños que padecen hambre, sin ir más lejos en las villas la pobreza lacera el alma”. Se trata de una dependencia que año tras año alojaba algo más de mil soldados. ¿Nunca a nadie se le dio por pensar en Simón Bolívar?
Roberto Linares
DNI 2.303.332