Miércoles 18 de Marzo de 2015
Hemos visto, en el transcurso del ejercicio de la democracia en las últimas tres décadas, imperfecciones que podrían subsanarse. Por ejemplo, la representación de la gente. El senador representa al territorio, y eso hace que esté en línea directa con el gobernador de su provincia. En cambio, los diputados representan al pueblo (esto es lo que explica la ley). Pero sabemos que ha sido desvirtuado completamente, por vía del Poder Ejecutivo, que presenta una lista completa e inamovible, que permite después una vez conseguido los votos, coptarla y hacer que vote no a favor de sus representados sino como quiere el Ejecutivo. Eso hace que el ciudadano no tenga representación. Habría que modificar este hecho, ya que la democracia representativa está afectada en su casi única posibilidad de llevar algún modo de representación de sus intereses. Hemos visto a lo largo de estas tres décadas cómo los partidos han hecho añicos cualquier posibilidad de que la gente o el ciudadano puedan ejercer su representación. Habría que simplemente permitir que el voto a diputados, la única vía de representación del individuo, sea preservada, en una democracia de partidos e intereses pueda sobrevivir, haciendo que el voto sea directo y personal. Que los partidos en lugar de presentar una lista única, presenten a personas. Tanto los mayoritarios, como los minoritarios, que no haya un escalón tan alto a efectos de que cada uno pueda votar a la persona que considere más apta y con más valores para defender esa representatividad, que hace que el ciudadano pueda ser representado. Ya que el ciudadano no gobierna sino a través de sus representantes, y si no puede elegir a sus representantes, o sus representantes luego de la votación, obedecen ciegamente a su partido, no existe en la práctica ninguna democracia real que puedan ejercer. Es hora de que en un sistema tan imperfecto, al menos los ciudadanos puedan votar y elegir a quienes consideren que son la garantía de su voz, si no el acto de votar se convierte como en estas tres décadas en un hecho meramente administrativo. Si los políticos dicen que hay que participar, que permitan que la representatividad al menos se acerque más a la realidad. Desde 1810 en adelante, el pueblo quiere saber de qué se trata.
Miguel Amado Tomé