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La pedagogía de la pobreza

Conductas sociales. Una serie de dispositivos de enseñanza tienden a naturalizar la pobreza y a presentar a quienes la padecen como responsables de su situación, lo cual -entre otros efectos- impide dilucidar sus verdaderas causas.

Viernes 12 de Septiembre de 2014

La pedagogía remite inexorablemente a la enseñanza y por ende a la instrucción. Sin embargo señaliza un horizonte mucho más agudo: pone en el tapete uno de los ejes más esenciales de nuestra cultura, que es la previsibilidad de nuestros actos, a través de la enseñanza aprendida y actuada. Expone la radiografía del resultado de las conductas aprendidas y las no aprendidas. Es más, cristaliza lo que fuimos, lo que somos y lo que potencialmente seremos.

Somos el resultado de lo que nos enseñaron y de lo que no nos enseñaron. Somos un desarrollo de lo que vimos actuar y no nos explicaron. Pero también somos resultado de lo que nos dejaron describir, pero nunca interpretar. Somos un desarrollo desigual y combinado, de la enseñanza aprendida y de la desechada. Nuestras conductas sociales e individuales lo son por imitación, inducción y deducción.

La pedagogía de la pobreza es aquella que explícita e implícitamente justifica, naturaliza, canoniza y da por supuesto que es normal, natural e irreversible que hayas pobres. Esta pedagogía busca la naturalización de la situación de pobreza no sólo por los que la sufren, desde ya muy grave, sino también por el resto de la sociedad. Esta pedagogía tiene una gran alianza con las suposiciones: así, en la enseñanza institucional, se menciona al pobre y a la pobreza, confundiendo conceptos. La pobreza es el proceso social de empobrecimiento, deterioro social, cultural, económico y psicológico de miles de ciudadanos. Es sistémica y no individual. El pobre es víctima de la pobreza. La pobreza genera pobres. Victimiza a muchas personas convirtiéndolas en pobres. La confusión entre pobreza y pobres es intencional: busca diluir la figura de la víctima (pobre) y responsabilizarlo por su situación. Esta irreverente situación de confundir causa y efecto, busca legitimar y convalidar la existencia del estado de pobreza con el pobre. La dolosa confusión entre pobreza y pobre es un dispositivo pedagógico generador de exclusión, porque impide dilucidar las verdaderas causas de esta situación sistémica anómala.

La pobreza es una construcción social y por ende es colectiva y no individual. Sin embargo, en la enseñanza institucional y curricular rara vez se aborda la pobreza desde la interpretación, quedando en la mera descripción. Que no alcanza para entender, comprender y modificar una lesión de toda vida tal cual es. No se deconstruye e interpreta la pobreza como una construcción social, a partir de la cual miles de ciudadanos quedan desterrados de la sociedad. Esta falta de interpretación de la pobreza se instituye en dispositivo generador de la misma. Porque se la naturaliza: "Pobres hubo y habrá siempre" es el corolario de este dispositivo pedagógico.

Los dispositivos de enseñanzas naturalizantes hasta ahora señalados son: 1) confusión del concepto de pobreza con pobres; 2) institucionalización de la descripción de la pobreza, desterrando toda interpretación de la misma. Coherente con ellos se concatena un tercer dispositivo, la tangencialidad, que es cuando la pobreza se utiliza meramente como elemento de texto en forma irrelevante pero no ocupa una situación de centralidad. La pobreza es utilizada solo como adjetivante pero nunca sustantivante.

El cuarto dispositivo de la pedagogía de la pobreza es la construcción subjetiva de culpabilizar al inocente. La sutil y sofisticada enseñanza individualista de que el pobre es pobre por voluntad y deseo. Es culpable por lo que supuestamente decide.

Mal se puede cambiar, revertir y desterrar la pobreza cuando quien es víctima pasa a ser culpable.

El quinto dispositivo es el de una pedagogía que imputa impotencia y vergüenza al pobre. La impotetización de la pobreza le quita toda autoestima al pobre, que le impide muchas veces asumirse como tal: víctima de pobreza. Es muy esencial saber quién soy para saber adónde voy. Si soy víctima reclamo derechos de ciudadanía. Si estoy humillado y mutilada mi estima, difícilmente denuncie activamente lo desnatural que es la pobreza.

Resulta insoslayable mencionar la economía de la naturalización de la pobreza como otro dispositivo cultural pedagógico. Se trata de la economía neoclásica basada en un pensamiento superficial, simplista y errático de que todo depende del individuo, de sus capacidades y habilidades. Por lo tanto, si alguien es pobre, lo es porque así lo quiere, por ende es culpable. Si es culpable, es castigado y no reivindicado.

Todos los instrumentos planteados son generadores de pobreza, porque buscan un statu quo que abona a su normalización. Tenemos que deconstruir la pedagogía de la pobreza y su economía, para dar lugar a la pedagogía del buen vivir de todos los ciudadanos.

En el mundo hay 3.000 millones de pobres, 1.600 millones personas que no acceden a agua apta para el consumo, 2.600 millones que no acceden a servicios sanitarios, 842 millones de desnutridos, 1.200 millones que no acceden a la electricidad, 2.000 millones que no acceden a la cocción de sus alimentos, 4000 niños fallecen por día por no tener agua segura y 2 millones de adultos mueren anualmente por el mismo motivo. Ante esta catástrofe cotidiana a la que lamentablemente nos hemos acostumbrado, hay que lograr que entre todos Declaremos Ilegal la Pobreza (DIP) por ante la ONU.

No podemos ser cómplices por acción u omisión de este escandaloso biocidio mundial. Las preguntas golpean nuestros huesos y rompen nuestra sordera: ¿ dónde estamos cada uno de nosotros mientras esto sucede en nuestro tiempo?.

(*) Director de la Cátedra del Agua (UNR)

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