La patria linchada
Son las dos de la madrugada y me es imposible dormir. Hace dos horas que ha terminado el 2 de abril y vienen a mi mente imágenes y frases que fui recopilando a lo largo del día desde los...

Jueves 10 de Abril de 2014

Son las dos de la madrugada y me es imposible dormir. Hace dos horas que ha terminado el 2 de abril y vienen a mi mente imágenes y frases que fui recopilando a lo largo del día desde los medios de comunicación. Escuché y vi una entrevista a un ex combatiente de Malvinas en la que dijo: "La patria es mi compañero, mi amigo, mi familia. La patria es mi prójimo, la patria es el otro". Luego, como fotografías instantáneas del día, dan vueltas en mi cabeza imágenes y titulares impregnados de sangre y muerte, en el marco de la nueva modalidad que los argentinos hemos adquirido para lograr algo de "justicia", los linchamientos, la ley del talión, ojo por ojo. Mahatma Gandhi dice que de ser así, el mundo estaría ciego. Me pregunto si no lo estamos. Me vuelve aquella idea del ex combatiente de Malvinas, "la patria es el otro". Es mi padre, tu hijo, mis alumnos. Sigo recordando noticias. Una de ellas habla de una encuesta a ciudadanos argentinos en la que el 75 por ciento está de acuerdo con los linchamientos y el 70 por ciento estaría dispuesto a participar de uno de ellos. Si la patria es el otro, que mal la estamos tratando. A ese 75 por ciento de personas que están de acuerdo con la idea de linchar a los delincuentes les pregunto: ¿cuántos de ustedes alguna vez no le compraron algo a un ladronzuelo o mechera del barrio? ¿Cuántos de los que están prontos a arrojar la primera piedra han contribuido a gestar delincuentes? Estos no nacieron en un repollo, no los arrojaron de otro planeta. Son nuestros hijos, nuestros alumnos, nuestros pibes, nuestra patria. Escuché hablar de Estado ausente, claro que lo está, pero también hay padres ausentes, familias ausentes, adultos ausentes, maestros ausentes. ¡Qué manera de arrojar hijos al mundo para luego dejarlos solos! Cuando a altas horas de la madrugada veo a los pibes de 14, 15, 16 años en la calle doblados por el alcohol y la droga, no dejo de preguntarme dónde están los padres, dónde estamos los adultos. Estoy convencido de que la delincuencia bajaría si los ladrones no tuvieran clientes. El narcotráfico disminuiría si los pibes tuviesen la mirada, el oído, la palabra, los límites, la contención y el abrazo de los padres. Supongo que a esta altura de la reflexión, nadie está pensando en que estoy empeñado en defender a los delincuentes. Nada de eso. Simplemente hago un mea culpa y creo que todos debemos hacerlo, porque algo hicimos o dejamos de hacer. Esta sociedad arroja hijos al mundo, los deja solos y carentes de toda contención, los emborracha, los droga, les hacen creer que valen no por lo que son, sino por lo que tienen o pueden llegar a tener, le quitan toda posibilidad de proyectos, lo convierten en delincuentes, y ahora los linchamos hasta matarlos. Alguna vez leí, y varias veces se lo compartí a mis alumnos, un cuento de autor anónimo que se titula "Hagamos una lista". Es la historia de un vendedor que todas las mañana sube a los vagones de un tren para vender algo, pero un día decide no vender nada, sólo hablar un rato con los pasajeros, proponiendo dejar de darle tanto protagonismo a los titulares de sangre y muerte y pensar en la gente que a diario nos hace bien, luego saca un papel de su bolsillo y lee la lista de la gente a la que él está agradecido. Finalmente pide que la paga sea que cada pasajero haga una lista de personas a las que debemos decirle gracias. Yo, a modo de ejemplo, les comparto mi lista. A mis abuelos: gracias por su testimonio de amor y la mesa familiar de los días domingo. A mi padre, por enseñarme la cultura del trabajo y el sacrificio y no esperar las dádivas de los gobiernos compravotos. A mi mamá, por su contención, por los no necesarios y los abrazos grandes. A mis maestros, que jamás fueron groseros ni arrojaron piedras en ninguna manifestación. Quizás esta sociedad pueda recuperar a sus hijos. Antes de arrojar la primera piedra, pensemos cuánto de responsabilidad tenemos los adultos.

Darío Maruco
DNI 20.536.263