La partida hacia un pueblo devastado

Viernes 05 de Marzo de 2010

A Lady Zuñiga algo le hizo ruido dentro de su cabeza, dice, cuando escuchó esa frase: "Tuvimos que mover los cuerpos para buscar alimentos". Era el testimonio de una mujer de Dichato, un pequeño pueblo costero ubicado 40 kilómetros al norte de Concepción, que prácticamente dejó de existir cuando fue arrastrado por una ola. El tsunami destrozó más del 80 por ciento del pueblo, y desplazó las casas más de 700 metros de su emplazamiento original. Su determinación fue espontánea, cuenta: "Tenemos que hacer algo". Era martes por la mañana. Lady tomó el teléfono y comenzó a llamar a empresas de transporte. Enseguida una le dijo que sí, que ellos ponían el camión, el petróleo y el chofer. Después pidió los días en el trabajo, llamó a su pololo y a sus amigos, colgaron carteles pidiendo ropa, agua y alimentos, y empezaron a organizarse para clasificar las donaciones y encarar el largo camino a Dichato.

Ahora, en un breve descanso en la tarea de organizar las donaciones (hay decenas de bolsas y de cajas en la vereda, reunidas en poco más de 24 horas), hablamos detalles de la travesía hacia el sur, al corazón de la catástrofe. El plan es salir a las 5, en plena madrugada, y viajar hasta Chillán, unos 100 kilómetros al noreste de Concepción. Allí hay que reunirse con un dichatino, que guiará el camión por caminos secundarios hasta el pueblo, para evitar los saqueadores de la ruta principal, que ya han asaltado a buses y otros vehículos con víveres. Es un viaje de unos 500 kilómetros, y se calcula que podemos llegar a tardar hasta 12 ó 13 horas en recorrerlo.

A las 15.30, una comunicación telefónica interrumpe el descanso: Omar, el propietario del camión, llama para avisar que hay una nueva alerta de tsunami frente a la costa de la Octava Región, que en Concepción la gente está corriendo hacia los cerros. Lady se pone pálida, su novio Rodrigo corre a encender la radio, Gustavo se apura a buscar un televisor portátil para ver las noticias. Durante algunos minutos, nadie dice nada. En los medios informan rápidamente que es una falsa alarma, provocada por un malentendido y por un hecho real: una réplica de 5,6 grados en la escala de Richter frente a la costa de la Octava Región, lo suficientemente fuerte como para avivar los peores miedos, pero no tanto como para generar un tsunami.

"Nada va a impedir que lleguemos con nuestra ayuda", dice Lady. "Y si estamos de camino y hay un tsunami, más necesario va a ser todavía lo que llevamos". Su novio y sus amigos asienten. Están comprometidos con este proyecto desde un principio. Lentamente, la tarea de organización de las donaciones se pone en marcha de nuevo. Llegan los voluntarios que habían partido a comer, algunos se turnan para descansar un par de horas, nos despedimos hasta la madrugada: a las 5 nos volvemos a encontrar en la esquina de Tocornal y Santa Isabel, en Santiago Centro, para salir hacia Dichato. Al cierre de esta nota, Lady se comunica para informar que hay un cambio de planes: la salida es a las 3 AM. "Tenemos que llegar allá a determinada hora, porque nos van a escoltar hasta el pueblo", explica.

Eliezer Budassof

Especial para La Capital