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La otra cara de una historia en la que murió un pibe y otro fue detenido

Violencia en Granadero Baigorria. Los familiares de Laureano Goria desmienten que el chico haya asesinado a Matías Podova el pasado 8 de noviembre en el barrio Martín Fierro.

Domingo 07 de Septiembre de 2014

Sobre un mismo crimen puede haber varias versiones. Pero la que manda es la del expediente judicial, donde se refleja lo que se pudieron constatar los investigadores policiales y judiciales. La tarde del 8 de noviembre pasado una casa de Santa Fe al 1600, en el barrio Martín Fierro de Granadero Baigorria, fue tomada a sangre y fuego por un grupo de hombres armados. Allí asesinaron a Matías Podova, de 17 años, e hirieron de gravedad a su hermano Pablo, de 10. Por ese hecho fue detenido Laureano Francisco Goria, de 23 años, apuntado por la familia de las víctimas. El joven fue procesado por la jueza de Instrucción Patricia Bilotta y sus defensores, Adrián Ruíz y José Ferrara, apelaron la medida.

Esta semana los Goria se acercaron a La Capital para contar su verdad de lo ocurrido. Durante 50 minutos Roberto, mecánico y jefe de familia; y Gladys Ramírez, la madre de Laurenano, y docente desde hace 30 años en el Hogar Escuela de Granadero Baigorria, desarrollaron su historia. Contaron que su hijo no estuvo en la escena de crimen, que no tenían contacto con los Podova, que no compartieron ninguna fiesta de cumpleaños, como informaron fuentes policiales, que habían hecho media docena de denuncias contra esa familia en la comisaría 24ª y por amenazas y que llegaron a recurrir a la Dirección de Asuntos Internos ante las sospechas de que tenían protección policial. También contaron que tras el asesinato de Martín Podova Gladys fue apuñalada por una de las hermanas del pibe muerto y que perdieron todo, que están amenazados y que ya pasaron por nueve casas diferentes porque sus cabezas tienen precios. "Todos saben que Podova vende droga y dólares falsos y tiene una pila de denuncias", indicó Roberto.

"Hay muchas cosas que no cierran. Muchas contradicciones en las declaraciones de los Podova. ¿Cómo puede ser, si dicen que mi hijo disparó con una escopeta, que no tuviera rastros de pólvora en las manos? ¿Cómo puede ser que no le encontraron la escopeta? Los cartuchos que encontraron en el allanamiento los puso el sumariante de la 24ª (el sargento O.) Nosotros nunca tuvimos armas, somos gente de trabajo", indicó el hombre.

"En todo momento hicimos lo que se debe. Nos amenazaron y fuimos a la comisaría o donde correspondiera e hicimos la denuncia. Pero no entendemos por qué mi hijo sigue preso y por qué esta gente (los Podova) se mueve con tanta impunidad", agregó Gladys. "Ninguno de nosotros tiene antecedentes. Mi hijo Laureano es traductor de alemán, es mecánico y prepara autos y motos para correr. No es un delincuente".

—¿Como pasó todo?

—Roberto: Una semana antes los Podova, una familia que vive frente a ellos y unos pibes de la hinchada de Central que se juntaban en la esquina se fueron a festejar un cumpleaños en La Ribera. Ahí todos toman, todos consumen (drogas). En esa fiesta un chico que se llama Sebastián se metió en el baño cuando estaba la mujer de Podova (Daniela F.) y eso generó una discusión. Jorge Podova y uno de los yernos le pegaron al pibe. Y cuando volvieron al barrio comenzaron las amenazas. Llamamos varias veces a la policía pero no nos dieron bola.

—¿Ustedes fueron a la fiesta?

—Gladys: No teníamos relación con los Podova. Los habíamos denunciado varias veces porque uno de ellos, «Papi», tiene problemas de adicción y se la pasaba amenazando a Laureano.

—¿Y con las otras partes tenían contacto?

—Gladys: De vecinos, nada más. Los pibes de Central tomaban y fumaban en la esquina, pero no se metían con los vecinos.

—¿Que pasó aquel día?

—Roberto: Cuando mi hijo escuchó los primero tiros me dijo: «Se armó». Y se fue corriendo para ver. Se puso al lado de una pala mecánica. Yo salí por detrás con la novia. Todo el tiempo le decía que se volviera a mi casa porque eran 20 o 25 personas las que atacaban la casa de los Podova. Y escuchaba que decían: «Ojo que tiran. Ojo que tiran».

—¿Por qué incriminaron a Laureano?

—Roberto: A Laureano lo meten por culpa de esto (dice golpeando la carpeta con las denuncias). Fue culpa mía que un día fui a la comisaría y les dije: «Loco, cuánta agarran por todo ésto (en alusión a la falta de intervención ante las denuncias contra Podova). Hay un montón de vecinos que han ido a declarar y nos les tomaron las denuncias.

—Gladys: Hay muchas contradicciones en las declaraciones de ellos. Primero dijeron que mi hijo estaba disparando desde la reja hacia adentro. En la resolución se lee que estaba adentro de la casa y remató al pibe en el piso (ver aparte). Y eso lo han cambiado porque como lo contaron la primera vez, la bala tendría que haber dado una vuelta. ¿Entonces por qué pusieron esto?" (dice y muestra una copia de una publicación en el perfil de facebook de las hermanas Podova con una foto de Emiliano que dice: «Es el asesino de mi hermano»).

—¿Ustedes aportaron testigos que desincriminan a Laureano?

—Roberto: No entendemos porqué no los atienden. Fueron a Tribunales y no les quisieron tomar declaración. Hay nueve testigos que dicen que mi hijo estaba atrás de la pala mecánica y no donde dicen los Podova.

—¿Quien mató a Matías?

—Roberto: Emiliano lo mató y eso lo declaré. Pero no sólo es lo que yo declaro sino lo que ellos mismos dicen: «Este hijo de puta se llama Emiliano y es el bastardo que asesino a sangre fría a mi hermano Matías Manuel Podova, no le importó nada y no se arrepiente de haberle quitado la vida a mi angelito» (dice mientras lee la copia del posteo de red social de la hermana de Matías Podova).

—Gladys: Hay vecinos que vieron que Emiliano tiró la escopeta en una zanja. Pero tienen mucho miedo y no van a atestiguar. Nosotros tememos que nuestro hijo no soporte estar preso por algo que no hizo.

—Roberto: Ellos (los Podova) se mueven con la policía y para el aniversario Baigorria va a ser un infierno. En la Justicia vale la palabra de ellos y no la nuestra. Yo quiero una sola cosa. Que suelten a mi hijo. Porque yo se que a los Podova y a todos los que están detrás no los voy a poder corregir. Que hagan su vida y algún día Dios o el viento se los llevará.

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