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La orquesta de barrio Ludueña ya tiene embajadores en el Viejo Continente

Entre ellos se encuentra Mirentxu Ajubita, madrina de la escuela y cantante lírica rosarina radicada hace 34 años en Suiza y cabeza de un grupo que colabora con la banda.

Domingo 27 de Octubre de 2013

La Escuela Orquesta Ludueña, donde unos 250 chicos tocan un instrumento y aprenden a enamorarse de la música, ya tiene ocho "embajadores artísticos" en distintos países de Europa. Entre esos padrinos se cuenta Mirentxu Ajubita, una rosarina radicada hace 34 años en Suiza, donde desarrolló una reconocida trayectoria como cantante lírica, y que ahora, junto a otras personas de ese país, integra la Asociación de Sostén de las Escuelas Orquesta de Argentina. Hace dos años, por ejemplo, la entidad logró reunir y enviar por barco unos 70 instrumentos, y hoy apuesta a nuevos proyectos que intentarán beneficiar también a otras bandas infanto-juveniles de Rosario. De visita en la ciudad, Ajubita compartió un ensayo con los chicos de Ludueña y, emocionada, definió a la música como un "lenguaje universal que protege a los chicos", aun a los más vulnerables, y los "ayuda a ser buenos ciudadanos y personas más felices".

La Orquesta Escuela Ludueña es un proyecto pedagógico, artístico y social que depende de la Secretaría de Cultura municipal, a través de la gestión del área de Cultura del Distrito Noroeste, al que también acompañan la orden salesiana (a la que pertenece el colegio Luisa Mora de Olguin, de Humberto Primo 2401, donde funciona la banda) y la Fundación Allegro Argentina.

Sus integrantes, unos 250 chicos de 3 a 18 años, son alumnos de ese establecimiento (más conocido como "la escuela del padre Montaldo") y en contraturno aprenden violín, viola, violoncello, contrabajo, percusión, clarinete, flauta traversa, corno, trompeta, trombón, música de cámara, audioperceptiva y práctica orquestal. Los ensayos son los sábados por la tarde y las vísperas de los conciertos que, como profesionales, ofrecen en Rosario e incluso fuera de la ciudad.

Ajubita conoce bien la historia porque aunque hace más de tres décadas que vive en Suiza —actualmente en Lausana— es rosarina de alma. De hecho, aunque se define como "binacional y bicultural", admite que al regresar a la ciudad se siente como si jamás se hubiera ido.

Y ahora, abocada a la enseñanza del canto, se sensibilizó especialmente con los proyectos de las orquestas escuela. Su modelo es el programa de educación musical conocido como El Sistema, nacido hace 40 años en Venezuela, que apuesta a la música como una poderosa herramienta de inclusión para niños y adolescentes, especialmente en marcos de pobreza, analfabetismo y marginalidad.

Hermandad. "Es que la música es un lenguaje universal", afirma Ajubita, convencida de que su "enseñanza permanente deviene una escuela de vida que se mide a largo plazo", con una dimensión social e individual: a través de la "experiencia colectiva y solidaria" y el esfuerzo y compromiso personal".

El ideal para lograrlo, arriesga, sería llegar a una formación musical que se diera en las mismas escuelas, pero a contraturno, y no menos de cuatro horas diarias.

¿Por qué? Por todo lo que la música trae aparejado. Entre otras cosas, la cantante menciona el desarrollo de emociones complejas, concentración y disciplina; motivación; tiempo productivamente ocupado; responsabilidad en el cuidado de los instrumentos; experiencias de placer...

Con esa apuesta, en Suiza formó la Asociación de Sostén de las Escuelas Orquesta de Argentina. Aparte de lo que ya logró (por ejemplo, enviar un contáiner con 70 instrumentos para la de Ludueña— ahora la ONG buscará ampliar su aporte incluso para otras experiencias en Santa Fe.

En Rosario, de aquí en más, el programa acercará "ayudas puntuales" a las orquestas escuela de la ciudad. La de Ludueña, San Juan Diego (comunidad Qom de Empalme Graneros), Nueva Esperanza y Tablada figuran en agenda, entre otras cosas para comprar más instrumentos, colaborar con capacitación en lutería y refaccionar espacios de ensayo.

Con esos planes, el jueves pasado Ajubita presenció un ensayo en Ludueña. Frente a su directora musical, Derna Isla, y a unos 30 chicos abrazados a sus instrumentos, les dijo que quería conocerlos y que la conocieran, porque tenían "en común el privilegio de la música" y por eso formaban "parte de una misma familia".

Los chicos le respondieron como debían: tocando. Como siempre, escucharlos fue una experiencia prodigiosa.

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