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La ola de violencia anti-EEUU en Medio Oriente es una pesadilla para Obama

La débil reacción de la Casa Blanca evidencia que nadie sabe cómo manejar la erupción. Los republicanos recuerdan el fracaso de Jimmy Carter en 1979, cuando fue copada la embajada en Irán

Domingo 16 de Septiembre de 2012

Washington. — Pocas veces Barack Obama pareció tan indefenso como ahora. El hombre más poderoso del mundo contempla sin una estrategia de contraataque cómo escala la tensión en Medio Oriente.

De nuevo Estados Unidos se ha convertido en el chivo expiatorio contra el que descargar todo el odio del mundo islámico. Llegó la "Primavera árabe" en 2011, pero las cosas no se desarrollaron como le hubiese venido bien a la Casa Blanca, y además también fracasaron algunas políticas de Obama para la región.

Es por esto que la oposición intenta ya presentar a Obama como "un segundo Jimmy Carter", que no puede defender a sus conciudadanos en el extranjero. En 1979-1980, Carter tuvo que hacer frente a la crisis en la embajada estadounidense en Irán, cuando estudiantes iraníes coparon la sede y retuvieron durante un año como rehenes a más de 50 estadounidenses, dejando en muy mal lugar a la Casa Blanca.

Un fantasma temible. "Por primera vez desde Jimmy Carter ha sido asesinado un embajador estadounidense", se escuchó desde la filas de Mitt Romney, el rival republicano de Obama en las elecciones presidenciales de noviembre. El asunto se está convirtiendo en una pesadilla para Obama. Pero también las fuerzas más conciliadoras son cada vez más críticas con la política para Medio Oriente de Obama. Los cuatro diplomáticos muertos "son una muestra brutal de que las turbulencias, que hacen temblar Medio Oriente desde la Primavera árabe, tienen peligrosas consecuencias para Estados Unidos", alertó Daniel Bymann, miembro del Instituto Brookings, un think tank de Washington.

La CIA, en ayunas.Y es que realmente el cambio registrado en la región durante el último año tomó por sorpresa a Washington. Ni los diplomáticos ni la CIA alertaron previamente de estos cambios. El Pentágono, el Departamento de Estado y la Casa Blanca contemplaron con una mezcla de esperanza y temor cómo era derrocado su amigo y hombre de confianza durante años en El Cairo, Hosni Mubarak. Y de golpe perdieron toda influencia en la región.

Para muchos en Washington resultó además bastante incómodo que los Hermanos Musulmanes asumieran el poder en Egipto. Especialmente decepcionado y desilusionado reaccionó Obama al hecho de que el presidente Mohammed Mursi haya dado vía libre a los disturbios durante varios días en torno a la embajada estadounidense en El Cairo. Y eso a pesar de que Estados Unidos superó sus reticencias y se aproximó a la nueva cúpula egipcia y dejó entrever ayuda millonaria. ¿Hubo un error de cálculo?

Y la decepción y desilusión ha sido todavía mayor con Libia, pues Washington no ha dejado de recordar que ayudó activamente a los libios a deshacerse de Muamar Kaddafi, que gobernó de forma dictatorial el país durante más de cuatro décadas. ¿Fue la implicación en Libia un error de estatregia?

Cuadro impredecible. A ello se suma que la evolución en Medio Oriente es impredecible. Desde Bagdad a Túnez, en estos momentos hay un equilibrio de poder frágil, compuesto en ocasiones de poblaciones, partidos o grupos religiosos enfrentados (como la de sunitas y shiítas en Irak y Siria). En este momento más que nunca antes la región se ha convertido en un polvorín. En Siria se considera que los riesgos son tan elevados que hasta se ha descartado toda opción de intervención militar.

La más mínima chispa podría desatar la furia antiestadounidense en el mundo islámico. Los disturbios actuales muestran "el difícil camino que tiene ante sí Estados Unidos con las democracias que están naciendo" en la región, señaló Robert Danin del Council on Foreign Relations, otro think tank de Washington.

Y eso que Obama al inicio de su presidencia convirtió a Medio Oriente en uno de sus asuntos más importantes. Todavía no se ha olvidado el "discurso al mundo islámico" con el que en la primavera de 2009 quiso anunciar en El Cairo un cambio. No sirvió de nada. El mundo islámico reaccionó con más frialdad que entusiasmo y en realidad nunca se llegó a producir un verdadero avance.

Al contrario, los dos principales conflictos, el palestino-israelí y el diferendo nuclear con Irán parecen haberse enquistado considerablemente. Entre el primer ministro israelí Benjamin Netanjahu y Obama no hay sintonía y por ese frente no habrá avances. Y lo que es peor, en la disputa con Irán, Israel amenaza con un ataque militar en medio de la fase más caliente de la campaña electoral en EEUU, y posiblemente sin alertar a Washington previamente.

Irán, a su vez, está utilizando la guerra en Siria y las crisis en otros países de la región a su favor. "La primavera árabe ha dificultado considerablemente el conflicto entre Estados Unidos e Irán", se afirma en un estudio del Brookings Institution. Es por ello que cada vez más grupos y partidos políticos salen a demostrar una actitud de mayor o menor rechazo a Estados Unidos, con incalculables riesgos para Washington.

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