Martes 16 de Febrero de 2010
Julia Lira, la más joven reina de un grupo de percusión en el Carnaval carioca, reaccionó como cualquier niña de siete años cuando las cámaras de la prensa la rodearon la madrugada del lunes al inicio del desfile de su agrupación: se largó a llorar.
La diminuta bailarina, sin embargo, se enjugó pronto las lágrimas y, luego de que su madre la tuvo de la mano y una directiva de la agrupación Viradouro la cargó en brazos, regresó a la pista frente a la multitud.
Los desfiles del Carnaval, en los que 12 escuelas de samba de la primera categoría compiten ante la atenta mirada de millones de brasileños, comenzaron la noche del domingo y no se detuvieron hasta que salió el sol y seis grupos habían completado su participación.
Los otros seis desfilaban anoche ante las 80 mil personas que llenaban el Sambódromo de Río, un estadio diseñado especialmente para estas noches.
Julia sonrió. Vestida con una blusa sin mangas con lentejuelas y una minifalda de plumas moradas, Julia avanzó los primeros 50 metros del desfile. Su padre —presidente de la escola Viradouro— la tomó entonces de la mano y la presentó a la multitud. Ella sonrió a los fotógrafos y aficionados.
Pero diez minutos después, rodeada por decenas de fotógrafos y camarógrafos de televisión, la pequeña comenzó a llorar y fue retirada inmediatamente en brazos de la vocera del grupo, Joice Hurtado.
Tras cinco minutos, luego de tranquilizarse, Julia regresó a su puesto al frente del enorme grupo de tamborileros, pero su padre la tomó y la llevó lejos de las cámaras por la pista del desfile.
"Ella simplemente se asustó al tener todas esas cámaras empujadas hacia su cara", señaló Hurtado después del desfile. "Después de que la llevamos con su mamá, rápidamente se tranquilizó y realizó un gran espectáculo".
Julia regresó y siguió bailando al frente del desfile, pero la cobertura de televisión para millones en Brasil se alejó de ella y no fue molestada nuevamente.
Algunos en la audiencia pensaban que la niña no estaba preparada para ser el centro de atención.
"Es demasiado joven para ser reina del grupo de percusión", comentó Marister Deniz, de 60 años, quien estaba mirando desde las tribunas.
Pero Jorge Elías Souza, miembro del grupo de percusión de Viradouro, dijo que estaba orgulloso de la niña.
"Ella representa todo el amor de nuestra escuela", dijo. l (AP)