Miércoles 17 de Septiembre de 2014
Cuando hablamos de la infancia, decimos las dos niñez: un sector de la sociedad es el de puntocom y el otro sector es el de los niños sin juguetes, sin ropa ni calzados o aún sin leche ni alimentos. Cada vez que se habla de inseguridad, en mi imaginación sólo se me ocurre la loca fantasía de una niñez feliz para una futura seguridad de la población. Una fantasía donde el Estado y todos como sociedad responsable trabajemos con la primera infancia, donde el niño juegue, se despierte con una sonrisa, con una mamadera o tasa de leche caliente; con una mamá o un papá que le digan “buen día” y que sepan de lunes a viernes que hay un jardín o centro barrial que los espera, con niños de su misma edad y adultos responsables, donde todo sea juego. Que no exista esta realidad donde los niños se levantan sin tomar leche, sin sonrisas, donde quizás la violencia los despierte o los acune la noche anterior, donde ven a sus padres consumir drogas en una esquina o los visitan en una cárcel o comisaría, o sus mamás trabajan por las noches como trabajadoras sexuales, único medio quizás para alimentar a sus hijos; y que al día siguiente, cuando sus hijos despiertan, lo único que pueden brindar es una cara triste, por sus vivencias o situaciones de maltrato o despojarse de su dignidad como mujeres porque a eso las llevaron. Si queremos seguridad, sin proyectos a corto plazo, busquemos como opción la seguridad futura con la infancia feliz. Estado y sociedad deben trabajar allí para el futuro de nuestros hijos, para que ellos sí puedan dormir seguros.
María Rosa Brach / DNI 26.002.511