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La neblina complicó el triste regreso de los rosarinos desde Brasil

Tras soportar la derrota frente a Alemania, padecieron una demora de más de doce horas en el vuelo. Aseguran que hubo "mucha pica" con los locales, un duelo por el fútbol que multiplicó las "cargadas".  

Martes 15 de Julio de 2014

Si algo les faltaba a los cientos de rosarinos que ayer regresaron cabizbajos desde Brasil hasta el aeropuerto de Fisherton es haber sufrido más de doce horas de demora por la neblina. La aeronave de Gol que trajo a quienes presenciaron en Río de Janeiro la final de la Copa del Mundo pisó suelo argentino recién a las 15, cuando el aterrizaje estaba previsto para la 1.50. "Hubo mucha pica entre argentinos y brasileños. Nunca pasó a mayores, pero hubo mucha cargada y hasta agresiones verbales", confesaron a La Capital algunos pasajeros respecto de lo vivido el domingo pasado.

La neblina reinante durante la madrugada de ayer hizo estragos en los vuelos que venían al país provenientes de San Pablo y Río de Janeiro. Y el de Gol anunciado en el aeropuerto rosarino tuvo que regresar a la terminal aérea paulista y su pasaje acomodarse en un hotel hasta nuevo aviso.

Es que los intentos para aterrizar en Rosario, Ezeiza y Montevideo (Uruguay) fueron en vano, por lo que la aeronave tuvo que volver sobre sus pasos y regresar al punto de partida.

Minutos antes de las 15, se cumplió el plan de vuelo y las compuertas se abrieron para darles la bienvenida a los cientos de rosarinos y habitantes de otras ciudades de la Región Centro que habían pasado unos días en Brasil en pleno Mundial.

Cansado, pero contento, se mostró Juan Pablo Serra. El joven de Nogoyá (Entre Ríos) estuvo en el Fan Fest de Río viendo a la selección en una pantalla gigante.

"Participé del banderazo, donde hubo mucha gente, y vi la final en la playa. Con los brasileños no hubo incidentes, pero se compraron camisetas de Holanda y Alemania a lo loco", le dijo a este diario apenas salió de Migraciones.

El gerente de una automotriz local, Héctor Marrone (54 años), llegó con una sonrisa. "La verdad es que muchos estuvimos cerca y todo estuvo muy bien organizado y custodiado por la policía y el Ejército de Brasil", contó.

Estuvo junto a un amigo en Copacabana y, pese a las cargadas de argentinos a brasileños por el resultado contra Alemania (7 a 1), "hubo incidentes cero".

"Incluso, durante la final la actitud de los brasileños fue correcta", agregó. Para ambos rosarinos, conseguir entradas fue una verdadera odisea que los dejó con las ganas, pero cerca de los estadios. "El precio era complicado y no sabíamos si eran legales o no", admitió.

Con mochilas al hombro y gritando cánticos futboleros se acercaron David Torres y Fernando Abregú. Ambos veinteañeros, improvisaron el viaje a Río a pocos días de la final para ir a verlo en el Fan Fest. Son porteños y engancharon los vuelos al último momento, por lo que todavía les restaba cubrir el trayecto por tierra a la Capital Federal.

"Nos cansamos de ver brasileños cantar por Alemania. La experiencia fue muy positiva y la pasamos bárbaro, pero estuvo claro que ellos fueron antiargentinos. Se cruzaban por la calle canciones y puteadas y después, si te veían con la camiseta, te bardeaban con un «argentino, perdiste». Fue increíble ver a tantos holando-brasileños y germano-brasileños", afirmaron con ironía.

Con look de tribus rockeras se asomaron Silvina Navarro y Sabrina Messina. Ambas con camisetas y banderas argentinas, pero con el logo del grupo La Renga estampado.

"Los brasileños tuvieron mucha mala onda con nosotros, porque nos gritaron el gol de Alemania como veinte tipos. Pero estaban desesperados: iban a las tiendas a comprarse la remera alemana", describió Sabrina.

Las jóvenes narraron sus peripecias por San Paulo en un auto alquilado, en donde el ser argentino les jugó en contra: "Preguntábamos por un lugar y nos hacían dar vueltas por cualquier lado".

Ambas tomaron sus precauciones. Se ponían la celeste y blanca en lugares donde había connacionales. "Les quedó la cancioncita del pentacampeão", dijo Sabrina. Luego. Silvina tuvo que soportar otra pregunta: "¿Argentina?, eu sou alemão".

Más allá de algunos momentos de tensión o de las cargadas cruzadas, ninguno relató situaciones extremas. Y, más allá de las doce horas que sufrieron dando vueltas en el aire entre Brasil y la Argentina, la experiencia valió la pena.

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