Domingo 28 de Abril de 2013
Ignoro por qué caminos del laberinto por el cual andamos vamos a llegar al tema del que quiero hablar. Cenando con Gonzalo Garay y su familia, él me hizo escuchar algunos fragmentos de una ópera de Händel "Julio César", que desconocía y que me pareció muy bella. En un momento dado nos encontramos charlando sobre la nada y sobre el todo. Cosa rara, coincidíamos. Partiendo de esa coincidencia sobre la imposibilidad de la nada y la imposibilidad del todo, llegamos a charlar hasta que la botella de whisky llegó a su fin y quedamos como perdidos. Gonzalo tiene su propio laberinto y yo el mío, en el cual me guía una viajera perdida, rodeada de una lluvia que susurra a su alrededor.
El cóctel de Händel, el todo, la nada y los laberintos, me llevaron a pensar en cosas posiblemente tan diferentes o acaso tan parecidas. En el mundo del todo y la nada, el amor se mezcla con la incertidumbre, la lluvia en los laberintos, y una serie de mundos paralelos por donde van caminando los personajes de este texto. Estaban mis 15 nietos, los amigos del café de la esquina (que no es un café sino una confitería, Güell, que se llama así como homenaje a ese catalán que hizo tanto por Gaudí), la gente que pasa y las charlas del café, que siempre andan rondando por el fútbol y la política. Aunque por mi parte, debo reconocer, cada vez entiendo menos de qué se trata la política. Incluso suelo suponer que la política ya no existe, es decir, que pretendiendo ser todo, es nada. En cuanto a mis nietos, algo sin duda muy personal, dije que son 15. Trece mujercitas y dos varones. Las mujeres me ayudan en muchas cosas. Pero con respecto al fútbol, llevarme a la cancha depende de los dos varones: Manuelito e Ignacio. Hasta ahora ha sido Manolito quien me ha llevado a la cancha. Porque llevar a la cancha a un vejestorio de 77 años, que se tambalea constantemente y debe sentarse cada siete metros, no es tarea fácil. Más que nada porque, además de mi pésimo estado físico, para los partidos alguien ha decidido que la cancha de Newell's esté rodeada por una extraña muralla de madera y otras yerbas, que podrían ser útiles para detener a elefantes pero no para hacer tan complicado el camino para los espectadores.
Quiero recordar, dedicado a Mario Marasco, que si lee estas líneas debe sonreír por las veces que he contado este hecho. Se trata del primer partido que vi en 1941, cuando Newell's le ganó a San Lorenzo 5 a 0 o 5 a 1; pero mi memoria no me permite recordar el gol de San Lorenzo. Sí recuerdo con precisión la calidad de la delantera de Newell's, formada por Gayol, Cantelli, Pontoni, Morosano y Ferreyra. Tenía seis años, pero a esa edad los recuerdos se hacen más nítidos en la medida que pasan los años.
Ahora, luego de la aventura de llevarme al fútbol un par de veces, mis nietitos juegan a ver quién tiene la suerte de no llevarme. Por ahora me convierto en un anciano prudente y extraño la cancha. Más porque aún hay cosas que no han cambiado, por ejemplo la pizza "La Popular", dicho sea de paso, la única que me gusta.
En cuanto a la gente que frecuento en el bar de la esquina, que me recibe con un alborozado "ahí viene ese anciano pesado", hay varias parejas a quienes les cuento lo mismo que vengo contando desde hace 50 años. A una de esas parejas trato de convencerlo al hombre que se lleve a su chica a Calabria, lugar a donde fue a vivir su amor mi amigo Chindamo. Otra pareja, a la que generalmente molesto los domingos, lee diarios, los interrumpo, y terminamos conversando de bueyes perdidos. Hay una tercera pareja a quienes veo menos. La cuarta es una pareja a la que trato por todos mis medios de unir, pero no sé cómo van las cosas. La quinta no es una pareja sino un sueño, desde hace diez años más o menos. Son las que entablo con las mozas que atienden y de las cuales me voy enamorando, y ninguna me lleva el apunte. Hay siestas en las cuales siento la presencia de la nada, y me pregunto acerca de esa soledad que ocupa todo. Mi nieta Guadalupe me dice: "Qué suerte que volvimos al todo y la nada, porque ya estaba cansada de tantas divagaciones".