Miércoles 23 de Diciembre de 2015
Mi patria, mi universo con infiernos y paraísos, ansiosa se dirige hacia la luz para secar las últimas lágrimas de los menos felices. Diferente y madura ha conseguido, por la ley de las consecuencias no deseadas, torcer el rumbo que la empujaba a las tinieblas. La prosperidad que el sistema no califica brilla con ejemplos de fraternidad y actitudes espirituales, levantando a los tibios, con fe renovadora. Todos los días, una raza de mutantes piadosos y corazones abiertos, aminora la fatiga y sufrimientos de quienes a veces nos acompañan en la retaguardia sin luz que los guíe. La luz del nuevo sol consume a ciegos y resentidos sociales que gritan ideologías vencidas. Es un ejército disciplinado que está provocando una presión moral de gran magnitud; arrincona la corrupción y la vulgaridad haciendo que se autoconsuma y no tenga razón de existir. Tuvimos que ser vulnerables para darnos cuenta de que se crece y madura, luego de vivir momentos de gran desconcierto e incertidumbre. Un siniestro protocolo socavó los cimientos de la familia de los argentinos, disgregándolos. Se educó a las generaciones recientes como si fueran vasijas a las que hay que llenar, y no como a una planta a la que hay que regar pacientemente para que crezca. Creo en los antagonismos sociales porque lo esencial sigue invisible a los ojos: es el Espíritu de Dios moviéndose sobre mi bendecida patria. "Nuevo sol. Nueva luz. El árbol seco de la Argentina sabrá de una nueva era de nueva lluvia. Llegará hacia su suelo la bendición luego de luchas serias, de encuentros y desencuentros, de soberbios en gritos y de gritos vencidos. Llegarán tres jefes y dirán. No serán, más después serán en fuerza y verdad. Ellos llamarán al hombre a ser y éste será. El será un hombre de gris". Profecía de Solari Parravicini, año 1938. Dios lo quiere.
Roberto Luis Taltavull / DNI 8.291.768