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"La música te da cierta libertad", aseguró Ligia Piro

La intérprete dijo que Cantar en castellano le "abrió puertas a lo conocido y a lo desconocido a la vez". Mañana actúa, a las 21.30, en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza).

Viernes 21 de Noviembre de 2014

Ligia Piro canta y cambia, y vuelve a cantar y cambia otra vez. Ahí está lo mejor de esta versátil intérprete, que puede ser rockera cuando versiona la beatle "Day Tripper", o mostrar cadencia brasileña cuando hace "Construcción", de Chico Buarque. Pero también se le anima a perlitas de Spinetta y Páez, sostiene la impronta jazzera en una de Duke Ellington o emociona hasta la piel de gallina cuando hace "Over the Rainbow". "La música te da una libertad particular, y cantar en castellano creo que me empezó a abrir puertas de lo conocido y lo desconocido a la vez", dijo la intérprete, hija de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, en la redacción de La Capital, en la previa del show que ofrecerá mañana, a las 21.30, en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza).

La sencillez es una de las virtudes más preciadas de Ligia Piro. No es de las que chapea por ser "hija de" ni tampoco de las que reniega el legado familiar. Y esa simpleza que muestra en el diálogo cara a cara con Escenario es la misma que traslada cuando sube a escena. Pero hay una diferencia. Cuando canta se transforma, y muta. Enamorada de las buenas melodías, está en plena efervescencia, porque después de muchos años de ser "una chica del jazz" se le animó a las canciones en castellano. Y disfruta este nuevo comienzo.

_¿Al ser hija de Susana Rinaldi y de Osvaldo Piro, no te quedaba otra que dedicarte a la música?

—Podría haber sido otra cosa, pero no. Desde pequeña una sabe qué es lo que va a ser, estas pasiones vocacionales surgen desde muy chica, cuando una se mira al espejo, disfrazándose, cantando y bailando. Así me pasó a mí.

_¿Por qué elegiste un repertorio tan variado, que va de las bossa al rock, y de ahí al jazz, al tango y al folclore?

—Tiene que ver con la información que había en mi casa, con toda la discografía, que era muy variada. Tango era lo que menos había, porque ellos se dedicaban al tango, a lo mejor había poco jazz, pero mucha clásica, Gershwin, bossa nova, música popular brasileña, folclore, mucha información, mucha data. Y a partir de eso, y de cantar diferentes estilos de música de toda la vida, por más que me haya dedicado al jazz durante tanto tiempo, me parece que cuando empecé a cantar en castellano, me dije «voy a ir por donde más me gusta», que es un todo muy variado.

_¿Cómo fue ese proceso del paso de la música en inglés al castellano?

—Yo había hecho "Trece canciones de amor", con Ricardo Lew, temas de jazz y pop, ese fue el último jazzero jazzero (repite para reforzar) en realidad. Pero después vino "Según pasan los años", grabada en el teatro Maipo, en vivo, donde estaba invitada mi mamá, y ya había un 50 por ciento de canciones en castellano. Estaba "La llorona", un tema popular mexicano, algún bolero, que es un homenaje a mis abuelas, la parte de la familia olvidada que se me ocurre rescatar en escena. A partir de allí ya había una necesidad de escucharme cantar en mi propia lengua.

_En 2011 sacaste "Las flores buenas", tu último disco, ¿qué cambio a partir de ahí?

—Bueno, cambiaba toda la banda, hice como un traspaso lento, primero toqué con una banda que fue la que hice el show del Maipo, y después comencé a trabajar con Popi Spatocco en "Las flores buenas". Estuvimos ocho meses buscando repertorio y me metí en un ambiente que no tenía idea.

_¿Por qué era otro ambiente?

—Porque es música latinoamericana y folclórica, es otra cosa, yo lo cantaba en mi casa, relajada y tranquila, pero no onda «me voy a empezar a dedicar a esto». Yo la tenía muy clara con el jazz, la bossa, venía muy cómoda, diez años metiéndome en ambientes de músicos de jazz, es otra historia, no tienen nada que ver los del tango con los del jazz, por ejemplo. El ambiente de la música folclórica es amplísimo, de eso habla todo el país, pero sin embargo Buenos Aires es un nicho que no termina de insertarse, lo ves sólo cuando salís al interior. Y todo eso forma parate de un conocimiento diferente que me nutre como artista y me hace encontrar con nuevos panoramas. Cantar en castellano creo que me empezó a abrir puertas de lo conocido y lo desconocido a la vez.

_¿También te obligaba a plantearte qué querés decir además de qué querés cantar?

—Y sí, en los temas en inglés son todas baladas de amor, mayormente, es como quien se mete con el tango también, aunque hay tangos más contestatarios que tienen una idea política clara, depende de cada autor también. Y con la música en general también me pasa, yo quise cantar a Chabuca Granda o Chico Buarque, todo parte de mi atracción por los autores. Siempre me dediqué a buscar qué me pasaba con determinadas melodías y armonías, porque es una sensación física lo que pasa con la música.

_¿El eclecticismo pasó a ser un estilo en sí mismo en tu carrera?

—Es un estilo muy conocido en el mundo, world music se llama, muchos intérpretes lo han hecho, como Mina, que cantaba de todo, y lo sigue haciendo, te pasaba de un pop inglés a un bolero latinoamericano, o de una habanera a hacer autores de rock italiano. Elis Regina también lo hacía, sin miramientos de género, estilos ni idiomas. Mirá, tengo ganas de cantar francés por ejemplo, hay autores franceses que quiero mucho.

_Pero muchos intérpretes cantan varios géneros y hacen todo igual. En cambio vos sos popera, rockera, jazzera o tanguera, según los casos.

—Es que cada género tiene una cadencia diferente, no podés cantar una zamba sin ponerle esa cosa de llanto que tiene atrás, y cuando cantás pop eso no lo tiene, no existe, y cuando cantás jazz tenés que sacar de las vísceras el crooner del que está adentro.

_¿Se nota que sentís cada género como propio, te sentís que formás parte de cada música que interpretás?

—Sí, me siento parte, claro, porque tiene que ver con mi historia, porque en mi casa pasaba eso, mi mamá trabajaba en una época con Osvaldo Avena, que era un gran guitarrista, y él venía con su señora, se sentaba, mi papá le daba mate, y decía: "Susana, mire la milonga que compuse". Y mi mamá no cantaba tantas milongas, y yo tenía 5, 6 años y andaba por ahí. También venía Chabuca Granda a mi casa, porque en un momento ella reemplazó no sé si a Amelita Baltar o Marikena Monti en un show importante dentro del ambiente de café concert.

_¿Pero por qué pasaban por tu casa?

—Porque mis viejos eran dueños de Magoya, un boliche en Mar del Plata, que fue muy importante, y donde debutaron muchos artistas. Mis viejos arrancaban en noviembre, se iban a Mar del Plata con toda la familia, y mis abuelas inclusive, en noviembre y volvían a Buenos Aires en abril o mayo, cuando le daban cierre a la temporada y le ponían llave al boliche, que era un sótano.

_¿Te acordás algunos de los que pasaron por allí y tuviste la suerte de conocerlos?

—En temporada de verano estaban Nacha Guevara, Les Luthiers, los Zupay, Opus Cuatro, el Sexteto Mayor, mi papá con su orquesta, mamá con sus músicos, entonces eso formaba parte de mi cotidianeidad, toda esa música y todos esos artistas, que de alguna manera y simbólicamente se desnudaban contando sus cosas, sus historias, y yo me iba nutriendo de eso, sin saberlo, sin darme cuenta. Eso te da otra información, que no tiene nada que ver con la escuela. Después está lo otro: formarse, estudiar, adquirir conocimientos, eso es otra cosa, pero hay otro tanto de la vida que lo tenés que vivir así, y eso es impagable.

_¿Ser intérprete te da cierta libertad para elegir lo que querés?

—Sí, la música te da una libertad particular, cantar es un modo de expresión muy libre, y si además tenés las posibilidad de elegir lo que querés cantar y hacerlo a viva voz y donde sea, es indiscutible, es súper libre. Yo me siento con esa libertad, con libertad de interpretar además y de darle mi propia versión a algo que por ahí está muy hecho, siempre que al autor no le moleste, o también le puede parecer grandioso lo que estoy haciendo y eso es maravilloso.

_Pero lo que hacés vos no lo puede hacer cualquiera, no me imagino al Chaqueño Palavecino cantando tango, rock o una bossa, lo matarían sus propios fans.

—(Risas) No sé, no lo hizo nunca tampoco. Siempre están entre el público los acérrimos fanáticos de un género, que los hay, de jazz, por ejemplo, gente mayor que no me perdona que me haya corrido a hacer otras cosas. Hay de todo, sí, pero no es que les disgusta, porque sigo haciendo jazz, hay dos o tres hits que no los voy a abandonar porque son parte de mi vida. Bueno, decís que el Chaqueño cantando tango te parece raro y te resulta hasta incómodo, ¿pero mirá si de pronto canta un tango y te maravilla? Date la oportunidad (Más risas).

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