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"La música es un universo infinito"

Sería fácil perderse en la cantidad de nombres, lugares y estilos musicales que atraviesan la carrera de Alejandro Lerner. Sin embargo, él parece tenerlo muy claro. "Cada etapa tuvo el ritmo que...

Jueves 27 de Septiembre de 2012

Sería fácil perderse en la cantidad de nombres, lugares y estilos musicales que atraviesan la carrera de Alejandro Lerner. Sin embargo, él parece tenerlo muy claro. "Cada etapa tuvo el ritmo que tuvo que tener, y la riqueza de todos estos años pasa por la variedad de experiencias y las ganas de crecer", asegura. El autor de clásicos como "Todo a pulmón" y "Volver a empezar" se presentará mañana, a las 21, en el casino City Center para festejar sus 30 años de carrera. En charla con Escenario analizó parte de ese recorrido y habló de su último éxito: su vida en familia.

—¿Cómo comenzó tu relación con la música?

—Comenzó a los ocho años, cuando me encontré con un piano vertical, que todavía conservo. Al poco tiempo empezaron mis primeras clases de piano. Para mí era algo muy natural, era un complemento de la educación escolar que teníamos mi hermana y yo. Yo me identificaba totalmente con el instrumento, era mi juguete preferido. Con el piano descubrí que podía desarrollar mi propio lenguaje.

—En los 70 vos comenzaste a tocar con músicos relacionados con el rock, como Raúl Porchetto y Gustavo Santaolalla. Después tu estilo se volcó hacia un pop más baladístico. ¿Eso fue premeditado o se dio naturalmente a través de las composiciones?

—No fue premeditado, fue parte de mi crecimiento como músico. El rock era un universo, pero empecé a darme cuenta de que había mil universos más, que eran altamente creativos. Todo empezó cuando compuse la música para la película "Los pasajeros del jardín", y ahí estaba la balada "No hace falta que lo digas", que no tenía nada que ver con lo que yo venía haciendo. Pero ese tema tuvo tanta repercusión que me abrió la cabeza. Por esa canción me convocó Armando Manzanero, y ahí descubrí otro planeta musical. Después fui a estudiar orquestación a Nueva York, y eso también me abrió más horizontes. En esa época me di cuenta de que la música es un universo infinito.

—En estos 30 años de carrera, ¿viviste etapas de crisis?

—Sí, un montón. La que recuerdo con más claridad me atacó después de los primeros cuatro ó cinco años de éxito, cuando decidí irme del país y volver el anonimato. Me fui a vivir solo a Nueva York, donde conocí a mucha gente que me sirvió para cambiar de aire. Otra crisis apareció cuando cumplí los 40, que casualmente coincidió con un llamado de Adrián Suar para componer una canción para una serie sobre un tipo que cumple 40, y ahí escribí "Volver a empezar".

—Haberte convertido en padre hace tres años, ¿cambió los tiempos de tu profesión?

—Absolutamente. Me cambió todo. Hoy la prioridad es la familia. No estoy buscando éxitos personales, estoy buscando una linda vida para compartir con mi familia. Y por alguna razón eso me está dando más éxito que ninguna otra cosa. Yo fui padre a los 52 años. Por mucho tiempo quise formar una familia, pero no se daba. Finalmente, cuando la conocí a Marcela (su mujer), el sueño se pudo concretar. La familia de ella se integró con la mía y hoy somos un gran familión. Vivimos a pleno eso de los asados y las reuniones con primos, que son cosas que yo no viví cuando era chico, porque mis tíos estaban todos exiliados en el exterior. Y cuando llegó mi hija, Luna, la unión a la familia fue mucho más fuerte. Estoy absolutamente enamorado de mi hija. Que ella forme parte de mi vida es un milagro.

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