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La muerte que sensibilizó a todo Buenos Aires

Jueves 02 de Abril de 2009

Cuatro a cinco mil personas haciendo cola sobre la avenida Callao. Así, durante todo el día de ayer se mantuvo la expectativa por despedir a Raúl Alfonsín. La espera de hasta dos horas para ingresar al Salón Azul del Congreso. Para la multitud, el esfuerzo valió la pena: allí estaba Alfonsín en su hora final. Hubo silencio y también emoción. Se sabe, la experiencia ritual, individual, calma los espíritus. Y la experiencia colectiva, al cabo, se convierte en política.

Pasito a paso, la multitud va rotando de posición en el caprichoso serpenteo que dibuja la cola hasta embocar la explanada que conduce al edificio. Pasos tranquilos, diálogos moderados y salvo excepciones, no hay angustia aguda entre los que fueron a despedir al viejo caudillo radical. Como en las colas por ver a los santos más populares, San Cayetano, San Expedito, todo es armonía en la diversidad. La foto más perfecta de la clase media de la Capital Federal estuvo ayer en el barrio de Congreso.

El hombre que amplió la democracia después de la última dictadura tocó ayer la sensible piel de muchos argentinos. Con sumas y restas, aciertos y fracasos sonoros, tan precario como la transición democrática misma, Alfonsín trocó desde su lecho de muerte el relato contradictorio de su propio recorrido político por otro casi cercano a la santificación. "Vine porque Alfonsín fue único, el mejor, no hubo otro como él", se podía escuchar.

"Estamos tristes, esa es la verdad. Alfonsín fue un hombre muy importante en mi vida, que además intervino en temas políticos hasta hace poco tiempo. Siempre que teníamos algún conflicto grande entre nosotros, él funcionaba como un tribunal de alzada", confesó a LaCapital Alicia Tate, ex diputada nacional.

Después de un año de tensión política sostenida con las patronales del agro, el sepelio de Alfonsín trajo un respiro. El velatorio del primer presidente de la democracia posdictadura volvió a posibilitar que el arco político casi completo tenga posiciones coincidentes. Después de tanta puja, la muerte del caudillo trajo una tregua.

Nadie quiso restarle reconocimiento al máximo hacedor de la reinstalación democrática. Políticos, empresarios, Iglesia Católica y, en especial, un contundente acompañamiento de todos los medios de comunicación. Tampoco faltaron el oficialismo ni los sectores de intelectuales cercanos al proyecto kirchnerista. "Alfonsín tuvo momentos destacados, como el juicio a las juntas y, entre otros, la firma de la paz con Chile, ratificada por el plebiscito", aportó Ricardo Forster, de Carta Abierta, quien luego advirtió: "Igual me parece una oportunidad para preguntarse por qué muchos sectores económicos, la Iglesia y los mismos medios de comunicación, que bastardearon y combatieron a Alfonsín en su momento, ahora lo santifican".

La tregua momentánea que abrió la despedida de Alfonsín bajó la tensión política que dominó el último año, aunque no canceló una disputa que recrudecerá en pocas horas. La oposición radical y sus aliados (Julio Cobos, Elisa Carrió y el socialismo) no ocultan la intención de darle productividad política a la desaparición del líder de Chascomús. El operativo de contraponer la "pureza" del caudillo que se va a la "impureza" de lo que nos queda (el kirchnerismo) ya ganó el relato televisivo.

Alfonsín cuenta a su favor con un atributo contundente: no se enriqueció con la política y en su vida privada conservó un estilo austero. Una cuerda muy sensible que desarma la máxima callejera "los políticos suben para robar".

Antes del mediodía, hoy habrá una misa en las escalinatas del Congreso, algunos discursos institucionales en el propio Salón Azul, y pasado el mediodía, partirá la caravana con el féretro rumbo al cementerio de la Recoleta.

Una vez allí, sobrevendrán los discursos netamente políticos, que según confirmó el radical Leopoldo Moreau, "serán no menos de ocho".

Ese recorrido de casi 30 cuadras será el paseo final por Buenos Aires de un hombre que hizo, tal vez, todo lo que pudo, todo lo que le dejaron hacer, a favor del país y de su pueblo. Mucho o poco, es lo que hay.

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