La música, la magia y Dios en Rosario
El sábado pasado tuve la gracia de asistir al Teatro La Comedia y poder apreciar a la Orquesta de No Videntes, que llegó a Rosario desde Buenos Aires. Y digo la gracia porque cuando uno recibe tamaño regalo y disfrutar de esa música celestial, uno no puede sino agradecer al cielo.

Jueves 16 de Junio de 2011

El sábado pasado tuve la gracia de asistir al Teatro La Comedia y poder apreciar a la Orquesta de No Videntes, que llegó a Rosario desde Buenos Aires. Y digo la gracia porque cuando uno recibe tamaño regalo y disfrutar de esa música celestial, uno no puede sino agradecer al cielo. Es expresar en palabras los sentimientos es una rareza que a veces nos permitimos. Los que concurrimos esa fría noche a La Comedia recibimos unas hojitas blancas con el temario impreso en letras "comunes" y también en Braille. Luego nos recibió el conocido salón del teatro, sus hileras de butacas, las que fuimos ocupando de a poco como si todos, y cada uno, intuyéramos que la prisa había quedado en la entrada. Se corrió el telón y aparecieron ellos. Nos recibieron (no fue al revés). Esos artistas que desde hace tiempo se vienen preparando para dar esa clase magistral de luz para el alma, dispuesta para quien desee escucharla. Y créanme que con las primeras notas se disipó el frío. Sí, esa noche en Rosario salió el sol. Y sentimos lo maravilloso y lo sublime. Gracias a ellos que nos lo hicieron sentir durante esos breves pero intensos 60 minutos. Todo lo vivido quedó grabado para siempre en nuestros corazones. Esta es apenas una mínima forma de agradecerles a los músicos y a sus amigos, y a sus familiares, a todos los que ayudan para que este tipo de acontecimientos sean posibles. Sepan ustedes, todos, que estaremos por siempre en deuda por lo que nos han regalado. La música que vibró en esa sala no fue sólo para los presentes ya que la magia trascendió los muros y se coló por toda la ciudad. Fue una noche mágica, si. Una noche en la que Dios llegó en dos colectivos, tomó varios instrumentos musicales y utilizó a esa orquesta para derramar su amor, como una lluvia de gotas musicales.

Gustavo Cabrera