La moral del periodismo
En las sociedades capitalistas la noticia se ha convertido en una mercancía más. La cuestión es obtener un título rimbombante con el objetivo de vender más.

Jueves 31 de Enero de 2013

En las sociedades capitalistas la noticia se ha convertido en una mercancía más. La cuestión es obtener un título rimbombante con el objetivo de vender más. Cualquier situación morbosa puede mejorar la audiencia o la circulación de un medio escrito y se la explota sin límites. Una fotografía robada se cotiza muy bien en el mercado. Y muchas veces no se repara en la angustia o en los daños morales que pueden producirse a las víctimas o a sus familiares. Pero si el sujeto de la noticia es además alguien a quien el medio en cuestión cuestiona políticamente, los reparos son inexistentes. Para el diario “El País”, supuesto portavoz de una sociedad europea moderna y democrática, Hugo Chávez siempre fue el mismísimo demonio. Muchos de sus lectores progres condenan al líder venezolano como si fuera un dictador, cuando en realidad no hay gobernante del primer mundo que haya afrontado con éxito tantas elecciones libres. Esa opinión extendida en sectores de la centroizquierda es producto de años de continua descalificación del presidente bolivariano por parte del diario de mayor circulación de España. En ciertos ámbitos ilustrados de Europa, Chávez es la fruta podrida de un país bárbaro, en lugar de ser el líder de un proceso igualitario y de reivindicación nacional, con enorme apoyo popular, certificado recientemente. El prejuicio del diario llevó a sus editores a publicar la fotografía de un hombre entubado al que se identificó como el presidente de Venezuela. Luego se supo que la toma no correspondía a Chávez, sino que había sido tomada de un video que circula desde 2008 por las redes sociales. Pero en realidad, lo escandaloso no es sólo haber publicado algo inexacto, sino la publicación de la fotografía de un hombre en estado grave y lo más llamativo aún la falta de autocrítica de esos periodistas.Hoy ya nadie cree en la Argentina que los medios son totalmente independientes. Los medios de comunicación son empresas comerciales que forman parte del establishment: intentan maximizar sus ganancias, defienden intereses y expresan posiciones políticas. Eso sucedió con Globovisión en Venezuela cuando dicho canal apoyó el fugaz golpe de Estado en 2002 y sucede en Argentina. Es obvio que dichos grupos reaccionarán cuando un gobierno ataca sus privilegios. Pero los periodistas que trabajan en esas empresas deberían intentar al menos trabajar con dignidad evitando ser “voceros” de intereses espurios.

Alejandro Caniglia