Lunes 16 de Enero de 2012
Pasa el tiempo y las dificultades para vivir dignamente son moneda corriente en Argentina. En esta parte del hemisferio sur hasta los sectores de clase social alta acusan malestar por diversos motivos. Se corta la luz por espacio de 24 ó 48 horas ante un calor abrasador, la inseguridad azota en cualquier momento del día, la impunidad es una constante, la inflación reduce aún más los salarios de los trabajadores, la rentabilidad máxima va a parar a los bolsillos de los empresarios, la educación es una asignatura pendiente, el sistema de salud protege más a los sectores de mayores recursos económicos, las posibilidades de desarrollo personal son casi nulas, los dirigentes políticos amplían sus respectivos patrimonios, la honestidad atraviesa una crisis notable en diversos ámbitos, el deterioro familiar es cada vez más pronunciado. Estos fenómenos constituyen una postal repetida en nuestra sociedad, es la misma foto que se muestra desde hace unos cuantos años. La pregunta es ¿por qué estos indicadores permanecen sin que exista un cambio, una reformulación de las distintas situaciones de la vida cotidiana? Pues, creo que no ha habido en las últimas décadas voluntad política y de la sociedad en su conjunto para modificar esas costumbres que dejan a los argentinos muy mal parados en el exterior, frente una pésima visión de la comunidad internacional. Una gran porción poblacional viene apostando al facilismo, a la pasividad. No ha realizado demasiados esfuerzos para mejorar o desestimar la mediocridad. Adoptó una actitud conformista porque en determinados momentos se valió de ella por conveniencia, sin importarle la suerte de sus semejantes y de todo lo que circunda. Faltó el protagonismo, la participación para dar un giro de 180º y revertir las cosas. Hoy escuchamos quejas, gritos, insultos. Lamentablemente, los errores se pagan caro. Esta foto, la de los inconvenientes de toda índole en Argentina, la vemos año tras año, es inalterable. Habrá que asumir culpas.
Marcelo Malvestitti