Domingo 12 de Julio de 2009
El arzobispo de Rosario dispuso el 3 de julio pasado subordinar la vida sacramental de los católicos a lo que disponga la autoridad sanitaria de cada localidad perteneciente a la arquidiócesis de Rosario. Con todo respeto, creo que los católicos debemos mirar el tema con fe, es decir: Dios no quiere que suframos, quiere que le pidamos. Y una misa vale más que un millón de esas oraciones pedidas por el señor obispo. Si alguien tiene síntomas que no vaya a misa, pero que los curas no dejen de realizarla con la presencia de fieles. Jesús curó a enfermos con sólo tocarlos, por eso recibir la comunión es muy valioso, y si es en la boca y de rodillas, mejor. Nadie puede obligar a recibir a Jesús en la mano y luego llevarlo a la boca. La obediencia al Papa está por encima del obispo y del sacerdote, cuando estos erran en sus orientaciones. El arzobispo de México se retractó de suspender la misa con fieles porque se dio cuenta que los creyentes hacen más por la salud del pueblo orando en la misa. Es un grueso error, desde la fe y el gobierno pastoral, subordinar el precepto dominical —expresión de amor a Dios— al decreto municipal.
Cristian Díaz
DNI 35.289.856