Viernes 16 de Noviembre de 2012
El día jueves 25 de octubre pasado me encontraba parada en la esquina de las calles Mitre y Uruguay esperando el colectivo de la línea 128, junto a una considerable cantidad de peatones que circulaban por esa vereda, más otro conjunto de personas que aguardaban, como yo, la llegada del colectivo. En tales circunstancias se aproximó una moto conducida por una joven mujer, a quien acompañaba otro joven. Este último bajó de la moto y me increpó para que le entregara la cartera, a lo que me resistí, por lo cual el ladrón comenzó a golpearme y a insultarme intentando arrebatarme la cartera. Furioso por mi resistencia, el joven se aproximó a la moto y su compañera le entregó una pistola, arma con la que me apuntó insistiendo en que le entregara la cartera. A todo esto, ya había llegado el colectivo, de manera que se incrementó el número de espectadores, con el pasaje y el conductor de ese medio de transporte. Yo continué resistiéndome, así que el ladrón forcejeó y me derribó sobre la vereda, tironeando de la cartera, arrastrándome por el suelo y provocándome numerosas escoriaciones. Finalmente la correa de mi cartera se cortó, y el ladrón subió tranquilamente a la moto y huyó con su compañera. Yo quedé lastimada y magullada, y habiendo perdido con la cartera la cobranza que había hecho, y cuyo recibo había entregado al cliente, pero que no llegué a rendir a la compañía por lo cual deberé hacerme cargo de ese "faltante". Lo impresionante del caso es que, pese a la cantidad de personas que vieron todo lo que sucedió, no hubo una sola que acudiera en mi ayuda, y ni siquiera alguien tomó nota de la patente de la moto, que tal vez sería robada. Me sentí como la protagonista de un "circo romano", rodeada de espectadores (vecinos y extraños) que observaban fríamente como era lastimada y agredida. Es de lamentar que la metástasis del "no te metás" esté aniquilando el sentimiento de la solidaridad que antiguamente caracterizaba a los argentinos.
Alejandra L. Frías,
DNI. 17.510.155