Jueves 06 de Septiembre de 2012
Jorge Luis Borges, decía: "Los grandes mentirosos, los que han hecho de sus mentiras verdades inobjetables, la mentira política es el arte de hacer creer al pueblo falsedades saludables y hacerlo a buen fin". La denominó arte para distinguirla así de la acción para lo cual al parecer no se precisa ningún arte. Pero, aceptada esta definición, la misma sólo se refiere a la invención, ya que, en efecto, se requiere más arte para convencer al pueblo de una verdad saludable que para hacer creer y aceptar una falsedad saludable". Desde la "República" de Platón al "Príncipe" de Maquiavelo, la reflexión política no tuvo escrúpulos en absorber explícitamente la cuestión como ocultar al pueblo, al mismo tiempo que se discutía la vía más idónea para suministrarle las necesarias y suficientes falsedades so pretexto en capacitarlo para una armoniosa convivencia y fraternal gobernabilidad. La filósofa alemana y naturalizada estadounidense, Hannah Arendt (1906-1975), asegura: Nadie dudó jamás que la verdad y la política nunca se llevaron de acuerdo y nadie puso la veracidad entre las virtudes políticas". Es que la mentira política siempre fue para el político una herramienta necesaria y justificable, no sólo para él sino también para el demagogo y los gobernantes de turno. Publio Ovidio Nasón
—Ovidio—, poeta romano año 43 a de C. dice: La mentira política puede nacer a veces del derrotado —en nuestro país hay casos— y luego entregada a la chusma para que la cuide y la guarde.
Roberto Linares,
LE. 2.303.332