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"La mejora de la orquesta no tuvo mayor repercusión"

La orquesta rosarina actúa hoy en el Monumento con un emotivo espectáculo que despedirá al director suizo.

Viernes 12 de Diciembre de 2014

La Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario (OSPR) vivirá una noche muy especial hoy, a las 21.30, en el Monumento Nacional a la Bandera, ya que quien fuera su director por siete años, Nicolás Rauss, dirigirá la batuta por última vez en lo que será su concierto de despedida de la ciudad.

El programa, especialmente ideado para una noche tan emotiva, contará con la especial participación de Franco Luciani. El concierto será con entrada libre y gratuita y en caso de lluvia, se suspende para mañana a la misma hora.

"El gobierno provincial tuvo mayor grandeza que el medio empresarial rosarino", destacó el director suizo a La Capital, al momento de hacer un balance del acompañamiento que recibió en sus siete años de gestión. Rauss ha realizado un exitoso trabajo en estos últimos años al frente de la orquesta, tratando de dar a conocer al público rosarino nuevas obras del repertorio y tratando de conseguir un nivel artístico superior en la formación sinfónica de la ciudad. En este sentido, el director se mostró sorprendido porque "la mejora artística de la orquesta no tuvo repercusión en la sociedad y fueron pocos los medios de prensa que acompañaron".

_¿Qué balance realiza de su gestión en estos siete años de presidir la Sinfónica rosarina?

—La valoración de mi gestión la dejo a los demás. Lo que puedo mencionar son algunos de los pilares; como haber extirpado del organismo algunos músicos con edad jubilatoria que por medios legales se quedaban en la orquesta entorpeciendo su buen funcionamiento por sus carencias técnicas y artísticas, o incluso humanas. También fue muy importante haber otorgado a las sinfónicas un portón de entrada a músicos nuevos dignos de orquestas en serio, a través de un Decreto de concursos que firmó Hermes Binner en 2010. Por otro lado, destaco haber planificado una programación que enriqueció el repertorio de obras más nuevas. También, haber incorporado a compositores rosarinos, haber institucionalizado los conciertos descentralizados a principios de temporada, que permitían el encuentro de la Sinfónica de Rosario con un público no habitual; haber grabado el segundo disco de esta orquesta, y a la vez su primer CD, con la obra sinfónica de Carlos Guastavino y haber presentado la orquesta en Buenos Aires en mayo de 2014. Quedan muchas cosas por hacer, ¡en el arte siempre queda algo mejor que alcanzar!

_¿Sintió que su gestión fue acompañada desde lo político?

—Los políticos con los cuales me tocó trabajar fueron excepcionales en su entendimiento y sensibilidad hacía la orquesta. Les estoy muy agradecido. Con respecto a lo gubernamental, lo que en mi opinión debe ser urgentemente reducida y agilizada es la burocracia, como los miles de pasos de un expediente o de una nombramiento.

_Un tema que siempre causó escozor es la renovación de las orquestas a través de concursos siguiendo una meta de excelencia por parte de los organismos sinfónicos. ¿Cómo ha visto ese tema en la orquesta?

—Hoy en la Orquesta de Rosario, el ingreso por concurso -que se ha realizado últimamente con muy buenos resultados artísticos- no causa escozor, sino que se considera obvio y conveniente. Ya no es traumático, sino que lo sería, al contrario, que se pueda ingresar de otra forma. Como parte de un arreglo entre el teatro El Círculo, la OSPR, participa en la temporada de ópera de la ciudad.

_¿Que juicio de valor hace de la relación entre la Orquesta Sinfónica y la Opera de Rosario?

—La colaboración entre entidades culturales públicas y privadas es muy aconsejable. En Argentina, a veces hay cierto temor al respecto porque hubieron casos en los cuales las privadas usaban en su ganancia a las públicas. Entiendo que con El Círculo, ambas entidades, el Teatro y la Orquesta, suman puntos a su favor en esta relación. Son relaciones que hay que trabajar, nutrir, no son ganadas para siempre. En estos siete años la relación ha sido cada vez mejor, y la consideración que goza ahora la Sinfónica en El Círculo y en su público está muy lejos de un cierto desprecio que pudo haber en años anteriores. Hay que reconocer que en El Círculo - al margen de un natural criterio empresarial por el simple hecho de tener que mantener un teatro de este tamaño - hay sobre todo un interés sostenido en privilegiar allí las artes para las cuales fue concebido, como el teatro, la ópera, la danza, la música clásica.

_¿Sintió el acompañamiento de las fuerzas de la ciudad?

—Salvo casos muy aislados, entiendo que el medio empresarial de Rosario se quedó ajeno a la movida sinfónica. Recuerdo el interés de Rosario Solidaria, de la Scuola Italiana, que agradezco, y unos pocos más. El gobierno provincial tuvo mayor grandeza que el medio empresarial rosarino.

_¿Qué nos puede comentar del programa para este concierto?

—Más que concierto lo defino como "chorro musical". Un chorro avasallador de música que va de Wagner a Piazzolla. Pasamos también por Strauss y sus valses, el nórdico Sibelius, algo de mi compositor preferido, el checo Bohuslav Martin y la presencia de Franco Luciani que nos entregará dos temas de Piazzolla y tres propios. Al final, Franco se lanzará con la Vocalise de Rajmaninof, que generalmente lo canta una soprano.

_Después de siete años en que se mezcló con la vida cultural de Rosario, ¿cuál es el juicio que puede hacer de los rosarinos?

—Los rosarinos tienen una particularidad única en el país, son habitantes de una ciudad importante pero carecen del orgullo que caracteriza a otros, como los porteños o a los cordobeses. Es gente muy agradable y abierta. Como público, me sorprendió un poco que la mejora artística que existió en la orquesta en estos años no haya tenido mayor repercusión en la sociedad, sospecho que pocos fueron los medios de prensa que acompañaron en este camino.

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